
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
Con una inspiración histórica sobre la transmisión del VIH en los ochenta, una comunidad discriminada y violentada como la LGTBIQ, un sello de western moderno y elementos fantásticos, una familia no sanguínea unida por los afectos, el punto de vista de una niña, estética travesti y canciones cebolla fácilmente reconocibles, además de una notable fotografía del desierto nortino y una dirección de arte que recrea la ocre y árida estética minera, La misteriosa mirada del flamenco del joven director chileno Diego Céspedes (30) fue elegida por la Academia de Cine de Chile como la acertada representante de Chile ante los premios Oscar y Goya.
El punto de vista de este drama de época es el de la pequeña Lidia (Tamara Cortés) de 11 años, que fue abandonada fuera de la cantina cuando era un bebé y criada con mucho amor por su madre «Flamenco», que no comprende en qué consiste la peste ni mucho menos la discriminación que sufre su familia queer .
Diego Céspedes construye un universo cinematográfico muy particular y diferente al cine latinoamericano actual, cargado de simbolismos y una metáfora sobre las vías de contagio de la epidemia, profundizando la idea que ya venía gestando en su maravilloso corto Las criaturas que se derriten bajo el sol (2022), estrenado en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes en 2022, que tres años después ganaría en la 78° edición (superando a la muy buena Un poeta, del colombiano Simón Mesa Soto) con esta película que alerta sobre la discriminación y la violencia a la comunidad queer con un lenguaje festivo, colorido y desde la ternura familiar.
Situada en el machista mundo minero, en la comunidad se empieza a propagar una peste de la cual culpan a las travestis que trabajan en la cantina dirigida por mamá Boa(Paula Dinamarca), un refugio donde las chicas se cuidan entre todas formando una familia no sanguínea. Apodadas con nombres de animales como Piraña, Leona, Estrella, Flamenco o Boa, las mujeres transgénero construyen un mundo aparte donde abundan los espectáculos con que atraen a los clientes, la música y el lip sync con canciones populares como «Ese hombre» de Rocío Jurado o la elección de la Miss Alaska,cetro «en que el desierto se viste de arte».
El punto de vista de este drama de época es el de la pequeña Lidia (Tamara Cortés) de 11 años, que fue abandonada fuera de la cantina cuando era un bebé y criada con mucho amor por su madre «Flamenco» (Matías Catalán), que no comprende en qué consiste la peste ni mucho menos la discriminación que sufre su familia queer acosada por hombres heterosexuales que acosan a las trans y, a la vez, las temen. Casas marcadas con la palabra «Apestada» se empiezan a multiplicar en el pueblo, donde Tamara buscará su venganza contra el asesino de su madre, como actos de resistencia y también de amor.

Es la mirada (de ahí el nombre de la película) la supuesta vía de contagio de la enfermedad, por lo cual los mineros intentan vendarles los ojos para que no se la transmitan, debatiéndose entre la culpa y el placer al visitar a las chicas en la cantina. El clásico bolero «Aquellos ojos verdes» suena en la película, donde las travestis en la secuencia inicial obligan a mirarlas a unos chicos que las acosan e insultan, en una simbólica exigencia por ser vistas, visibilizadas, en tiempos anteriores y actuales de transgresión a los derechos de las diversidades y disidencias sexuales.
Con una notable dirección de arte y una gran fotografía del desierto de Atacama (del colombiano Ángel Faccini), con estética de western y toques fantásticos, La misteriosa mirada del flamenco está protagonizada por la actriz Paula Dinamarca (Nataly, una mujer trans), que anteriormente protagonizó el cortometraje del mismo director Las criaturas que se derriten bajo el sol, en que Céspedes ya planteaba la existencia de una comunidad queer, la idea de la enfermedad, la presencia de un niña, la violencia y la discriminación, el anhelo de vivir el amor y el matrimonio.
Paula Dinamarca es una reconocida actriz de cine y de teatro trans chilena que también ha protagonizado películas queer emblemáticas como Naomi Campbell (2013) de Nicolás Videla y Camila José Donoso, una de las primeras películas que inauguraría la destacada corriente de cine chileno disidente, un híbrido transfronterizo entre documental y ficción basado en la historia real de Yermén, una tarotista transexual que vive en la emblemática población La Victoria que busca una cirugía de reasignación de sexo.

Contexto internacional
Coincidentemente, La misteriosa mirada del flamenco se inscribe en la perspectiva de otras ficciones estrenadas en festivales durante este año que revisitan la epidemia del sida en los ochenta y sus consecuencias familiares, como el filme de body horror que ha dividido a la crítica Alpha (estrenada en Sanfic) de la directora francesa Julia Ducournau sobre una joven que sufre discriminación por la posibilidad de estar contagiada con una enfermedad en que los enfermos respiran polvo y se convierten en mármol, así como la tercera parte de la trilogía autobiográfica de la catalana Carla Simón,Romería, en que una joven vuelve al pueblo de su padre biológico fallecido de sida, al igual que su madre, para conocer a su familia paterna.
En la carrera por los Oscar, La misteriosa mirada del flamenco deberá competir con muy buenas obras como la brasileña El agente secreto de Klever Mendoca Filho, que tiene una notable factura en sus dos horas 40 minutos de duración con la historia de un profesor universitario perseguido en dictadura en los setenta en Brasil, que es acogido en la ciudad de Recife (leit motiv del director) por una red de solidaridad (aunque es poco probable que Brasil se lleve el Oscar a Mejor Película internacional dos años consecutivos tras Aun estoy aquí de Walter Salles). Sentimental value de Joachim Trier, que representará a Noruega ante los Oscar, es otro de los competidores fuertes con una relación de poder no resuelta entre un padre director de cine y una hija actriz abandonada por él en su infancia, en que ella irá descubriendo el valor sentimental que subyace al complejo vínculo entre ambos.
Otra probable competidora (si es que logra representar a Francia, uno de los países co-productores) es Fue sólo un accidente, filmada en clandestinidad por Jafar Panahi (perseguido y hasta encarcelado por el régimen teocrático iraní), en que un grupo de personas se enfrenta al dilema moral de qué hacer con su torturador, del que no tienen certeza de su identidad. La más probable representante de Colombia, Un poeta del director Simón Mesa Soto (que se llevó el Premio Especial del Jurado en la sección Una cierta mirada en Cannes en 2025, cuyo primer lugar fue para el chileno Diego Céspedes), le sigue la pista a un poeta maldito alcoholizado que vive por la poesía en Medellín que nos acerca a la idea del fracaso, recordándonos que todos somos un poco poetas.-

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