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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

Muestra Frontera Sur y Da Films: Desplazamiento indómito de las fronteras de la No ficción

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

En el espacio fronterizo en que se sitúa el Festival de Cine de No Ficción- Frontera Sur, se ubican obras que se despliegan rebeldes e indómitas en el límite cada vez más desdibujado entre ficción y documental, entre lo narrativo y lo experimental, explorando nuevas narrativas y lenguajes que experimentan y se liberan de convenciones restrictivas y arcaicas . 

En este lugar intermedio y difuso, las fronteras se corren, desplazan y amplían para incorporar vanguardistas cortos y largometrajes latinoamericanos como los que se exhibirán gratuitamente y on line para Chile y Latinoamérica hasta el 15 de agosto, en la Muestra “Tierra(s) en trance”, alianza entre el Festival Frontera Sur y la plataforma que reúne a festivales de documental europeo Da films

Los oficios de los dos hombres corren por carriles paralelos en Cielo Abierto, aunque ambos trabajan con texturas y volúmenes: el padre es un cantero y el hijo vuelve al pueblo para digitalizar una Iglesia colonial de arquitectura barroca.

Uno de los más libres y expresivos aportes a la libertad artística y nuevos lenguajes de esta muestra (que fue parte de la lluviosa sexta edición de Frontera Sur, realizada en junio en Concepción), es Cielo Abierto (2023) del realizador peruano Felipe Esparza. La fusión entre arte y cine y su búsqueda de la esencia visual, llevaron al director y artista multidisciplinario peruano a liberarse de una estructura argumental convencional para fluir hacia la experimentación en su ópera prima, filmada en las alucinantes canteras de Arequipa en el sur del Perú.

Inicialmente Cielo Abierto tendría el carácter experimental de una vídeoinstalación sobre el sillar de piedras volcánicas blancas y la reconstrucción virtual del interior de la iglesia de la Compañía del centro arequipeño. Sin embargo, fue derivando en la contraposición entre tradición y modernidad, materialidad y virtualidad que representan un padre y un hijo distanciados por la muerte de la esposa y madre (de la que no llegamos a saber la causa), en este híbrido entre ficción y documental, con actores naturales -un cantero y un poeta- y escasos diálogos.

Los oficios de los dos hombres corren por carriles paralelos en Cielo Abierto, aunque ambos trabajan con texturas y volúmenes: el padre es un cantero, que sigue usando una soga para llegar a lo alto del acantilado, y martillea y picanea para liberar la roca; el hijo vuelve al pueblo para digitalizar una Iglesia colonial de arquitectura barroca (a la que fue por última vez con su madre), a través de drones y cámaras de última generación. No se encuentran físicamente ni liman posibles asperezas, sino en una aparición virtual en una fantasmal y sutil escena a la que conviene estar atenta/o.

Tal vez la obra fue abriéndose paso hacia la imposibilidad del encuentro entre padre e hijo, justamente por el duelo que estaba viviendo el director por la pérdida de su propio padre y también por la de tantas vidas de canteros en esta zona del Perú.

Inscrita en “los” cines de mujeres (dada la diversidad de temas y estilos son varios, no uno solo) por evidenciar los roles de género e innovar en su estructura narrativa de carácter híbrido, Ramona -estrenada en la Berlinale en 2023- de la dominicana Victoria Linares, aborda la maternidad juvenil desde una novedosa y provocadora aproximación. 

Aunque inicialmente estaba proyectada como una película de ficción, el hecho de que el proyecto se cayera por falta de apoyo y la dificultad de un actriz de otro segmento social de representar con propiedad la realidad de jóvenes de estratos populares que resultan embarazadas o de hablar en su nombre, significó que debieron repensar el proceso de Ramona (para mejor). 

El resultado es una interesante puesta en escena en que la actriz que tenía el rol de Ramona comienza a incomodarse con interpretar una realidad para ella desconocida y hasta le molesta la barriga falsa de embarazo que debe ponerse. A partir de los diálogos con la Producción se va delineando el personaje a modo de metarrelato, donde una parte de la película son los testimonios documentales de las jóvenes y otra, la construcción del propio filme.

Comienza, entonces, su aproximación a las muchachas que viven en un pueblo donde el embarazo adolescente parece ser la tónica producto de una mirada patriarcal del rol de la mujer como madre, al punto que en una misma familia tres hermanas están embarazadas. La actriz protagonista, Camila Santana, va entrevistando a las chicas y en conjunto van desarrollando una creación colectiva del personaje, en que ellas analizan cómo debiera ser su actuación para ser más verosímil, aportan al guión y hasta la interpretan, porque pareciera que todas son Ramona.

Ramona es la segunda colaboración de la dominicana Victoria Linares con la montajista chilena Melissa Miranda, equipo que había trabajado en conjunto en la ópera prima de la directora centroamericana Lo que se hereda (2022), una valiente aproximación autobiográfica en que Linares indaga en su árbol genealógico. La directora rescata la figura de su tío cineasta Oscar Torres perseguido por sus ideas, por lo que debe dejar el país durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana de los sesenta, y con quien también se hermana en la comprensión de la orientación sexual de ambos y la resistencia de sus familias, en épocas diferentes.

La primera vez que tuve la oportunidad de aproximarme a la filmografía de la prolífica directora, dramaturga y música argentina, Lucía Seles, en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine (BAFICI) de 2022 (donde presentó ¡tres películas!), aún no sabía que el llamativo humor absurdo e irreverente de la llamada “trilogía del tenis” sería sólo la puerta de entrada a una búsqueda autoral frenética y fascinante de nuevos lenguajes, tremendamente distantes de las reglas del cine convencional. 

Con extravagantes personajes, un montaje caótico, “fragments” grabados como cine de guerrilla, poemas de textos sobreimpresos en la pantalla en un inglés inventado y con faltas de ortografía a granel representando la voz de la narradora, han convertido su filmografía en cine de culto en Argentina y ahora también también incipientemente en Chile, tras el paso de la realizadora por el Festival Internacional de Cine de Valdivia en 2023. 

Los trabajadores del complejo de tenis como el Sanjuanino, la atribulada Luján o la insoportable tenista (que en realidad conforman la “Tetralogía inconclusa del odio desencadenada” con las cintas: Smog en tu corazón, Saturdays disorders, Weak rangers y Terminal young), dan paso en The urgency of death (2023) a protagonistas gallegos (actúa el productor) como los dueños de la confitería Ritz en la ciudad de La Plata. 

Las múltiples historias y situaciones absurdas en The urgency of death son interrumpidas por la voz en off de una excéntrica conductora del podcast “La cordobesa” y por la estela melancólica tras la pérdida de un amigo del personaje interpretado por Seles, que a la vez es el duelo de la propia narradora después de la muerte de su madre, expresado en los textos en pantalla. 

Conmueve profundamente la intensidad de una larga y sentida escena en que Lucía Seles corre sin descanso alrededor de un cementerio, como tratando de librarse del dolor urgente y profundo de la muerte. 

Revisa aquí la muestra Tierra(s) en trance.

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