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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

FicValdivia (2): emociones y subjetividades de resistencia

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

Las imágenes rebeldes contra el olvido que mencionábamos en las recomendaciones previas al 32° Festival Internacional de Cine de Valdivia vinculadas a los archivos y nuevos tratamientos para confrontar la desmemoria (con películas como Bajo las banderas el sol, Mención Especial del Jurado de Largometrajes; La vida que vendrá; o La misteriosa mirada del flamenco), en este segundo informe adquieren visos íntimos y personales frente al duelo, la pérdida (de un ser querido o un trabajo) o las búsquedas de identidad autobiográfica, con películas muchas veces pequeñas que no temen sumergirse en las profundidades de la subjetividad y las emociones como forma de resistencia.

Wind, talk to me, Stephand Jordjevic (Serbia)

La aplicación de miel en la herida de un perrito recién atropellado quizás sea la imagen que mejor grafica el proceso de sanación ante la pérdida de la madre, que emprende el joven director serbio Stephand Jordjevic en la película ganadora de Mejor Largometraje de FicValdivia: Wind, talk to me, su ópera prima donde actúan sus familiares en una suerte de rito u homenaje que ayuda a cicatrizar el dolor de corazones heridos, tal como el dulce ungüento ambar.

El director y protagonista inicialmente estaba haciendo un documental autobiográfico sobre su madre, pero en ausencia de ella, decide igualmente terminarla como una docuficción, por lo que viaja al campamento en el lago donde ella pasó los últimos años de su vida aquejada por la enfermedad y se reúne con sus abuelos, hermanos, tíos y primos, quienes se incorporan en escenas de vida familiar en tranquilos paisaje naturales. Imágenes poéticas que se combinan con las de la madre en vida y sus conversaciones con su hijo cineasta, así como la lectura de pasajes de su diario cuando ya no está y sólo ha quedado su escritura y su recuerdo alimentado por su familia.

En una escena especialmente hermosa y de gran potencia estética, vemos al protagonista abrazando a un árbol al que luego incluye colectivamente a toda la familia como si fueran parte de una unidad con la naturaleza, en que en cada rama hay un familiar, como metáfora del árbol genealógico que los une, aunque falte uno de sus miembros.

En un diálogo entre la madre y el hijo que es parte del material de la película inicial que luego muta con su partida, ella le habla del viento y que hay que pedirle que se lleve lo negativo para vivir en armonía, idea de la que surge el nombre de la película Viento, háblame. Tal vez haya que solicitarle a ese elemento que nos diga cómo volver a lo esencial y a dejarnos fluir con él entregados a su vaivén, para resistir los dolores de la vida y sus ausencias.

La noche está marchándose ya, Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas (Argentina)

En su estreno mundial en FicValdivia -en que se llevaron el Premio Especial del Jurado de Largometraje-, los directores cordobeses Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas hicieron de su largometraje La noche está marchándose ya (2025) un homenaje al cine como resistencia, hogar y guarida usando como escenario el Cineclub Municipal Hugo del Carril en Córdoba, Argentina. 

Sus butacas y la posibilidad del encuentro; su pantalla con la proyección de películas clásicas como «El hombre equivocado» de Alfred Hitchcock de 1956 o «Buenos días» de Yasujiro Ozu de 1959; sus recovecos como el túnel que conecta el cine con la ribera del río La Cañada; pero sobre todo su institucionalidad como cineclub municipal son parte fundamental de la oda de amor al cine que es La noche está marchándose ya: un «inventario de gestos» para que los trabajadores se mantengan unidos ante la crisis económica, que en Argentina ya tiene carácter de permanente. 

En un reflejo del impacto social y cultural del ajuste de Milei que el cine argentino reciente aún no había abordado, el primer largometraje de los directores se centra en Pelu, uno de los dos proyeccionistas del cineclub municipal que debe dejar su cargo porque ya no se puede financiar a ambos, tras un «cachipún»  (porque ni una moneda para lanzar al aire tenían en sus bolsillos) para elegir al azar quién se quedaba y quién se convertía en guardia nocturno del cine.

En su nueva función como sereno, a Pelu no le queda otra que llevar su colchón al cine (porque junto a su roomie ya no pueden pagar el aumento de alquiler) y en la soledad de la noche proyecta películas clásicas, convirtiendo al cineclub en su hogar metafórica y literalmente, que por momentos también comparte con trabajadores precarizados del aseo y hasta con una amiga que para enfrentar la crisis graba un video de onlyfans en el teatro.

Tal como en su premiado corto Mi última aventura (15 min) en que dos jóvenes motociclistas huyen con un bolso de dinero de su jefe (ganadora de la Competencia Internacional del BAFICI en 2021), en La noche está marchándose ya la música tiene un lugar fundamental a partir de covers de bandas cordobesas, cuyos integrantes actúan como recolectores de basura que se refugian en el cine escapando de la persecución policial. La reinterpretación cordobesa del estribillo que le da nombre a la película «La noche está marchándose ya» proviene de la balada «Qué pasará mañana» del español José Luis Perales de 1982.

La corazonada, Diego Soto (Chile)

Siguiendo su modo de producción independiente, a pequeña escala y recuperando la experimentación de lo amateur (desligándolo de un significado peyorativo), con actores y actrices naturales pertenecientes a su familia y cotidianas historias en paisajes rurales en la Región de O’Higgins -que inauguró en 2019 con Un fuego lejano y continuó con Muertes y maravillas (2023)-, el director rancagüino Diego Soto ha generado un sello autoral que se reafirma en su tercera ficción La corazonada (2025), que estuvo doblemente galardonada con el Premio del Público y Mención Especial del Jurado de Largometraje.

Tal como en su primera indagación cinematográfica, los protagonistas son su tía en el personaje de Nieves, la dueña de un balneario con piscina; su tío como un motoquero que se enamora de ella; y su primo, como el hijo de la dueña que le ayuda en la administración del lugar, que adquiere el rótulo de «cine dentro del cine» cuando una cineasta busca alquilar su casa y les pide que actúen pasajes de La Tempestad de Shakespeare.

Matapanki, Diego «Mapache» Fuentes (Chile)

Tal como ocurrió con Denominación de origen de Tomás Alzamora en la edición anterior de FicValdivia (pero a menor escala), la ficción universitaria Matapanki del joven director Diego «Mapache» Fuentes comenzó a sonar fuerte especialmente entre el público juvenil que la ovacionó al conectar con su espíritu rebelde y anarquista en tono irreverente. Con total libertad y planos secuencia en cámara en mano con un frenético montaje, sorpresivamente ganó el premio a la Mejor Película Chilena y Mejor Largometraje Juvenil (este último bastante más entendible).

«Matapanki» es un milenario trago perdido en la historia que se encuentra dormido en los corazones de los guerreros panki, que necesitan defender sus territorios y así surgirá un superhéroe con características de antihéroe que luchará poseído por este brebaje de alcohol. Ricardo es un adolescente que vive en Quilicura con su abuela (que como dato anecdótico, está interpretada por la mamá de la icónica «Hija de Perra») que va contra el sistema, critica las esperas en la salud pública, se enfrenta a los pacos y quiere ayudar a la gente con los superpoderes que le da el Matapanki, incluso viéndose involucrado en un conflicto geopolítico mundial. 

El reinado de Antoine, José Luis Jiménez (Cuba, República Dominicana)

Memoria de un cuerpo desplazado, Mariana Mendivil (México)

Los fantasmas de María, Nicolás Superby (Chile)

El palmarés de la 32° edición de FicValdivia se completa con el Mejor Cortometraje Latinoamericano para El reinado de Antoine de 18 minutos (Cuba, República Dominicana) del dominicano José Luis Jiménez, un relato épico en que el joven obsesionado con las fantasías históricas Vismán Pacheco impulsa una obra llamada como el título del corto. En él, el protagonista cuestiona a su antagonista que siga siendo el rey de España, señala que el pueblo se ha dado cuenta de que la democracia «no sirve para nada» y se cuela su reclamo a su hermano por haberlo dejado solo cuidando a su padre discapacitado.

La joven artista visual y directora mexicana Mariana Mendivil se llevó el Premio Especial del Jurado Cortometraje Latinoamericano con el alucinante ensayo fílmico basado en la técnica del collage análogo y la animación experimental Memoria de un cuerpo desplazado, que en apenas diez minutos logra construir un universo poético, íntimo y visceral sobre el desarraigo del territorio por los viajes no elegidos, el distanciamiento de la familia y los cuerpos como soporte de tres generaciones de mujeres, en que una poética voz en off relata que «nací agua, me pusieron al fuego y me evaporé para volverme cine».

La experimentación con archivos es el motor creativo del documental Los fantasmas de María del director chileno Nicolás Superby que participó en la sección Cine chileno del futuro de FicValdivia para obras de corte avanzado, con un viaje hipnótico, fantasmagórico y fascinante por las imágenes que el director encontró en una maleta de su bisabuela, la artista y esotérica María Tupper, que en la década del treinta del siglo pasado en sesiones espiritistas junto a sus amigas invocaba a artistas fantasmas que, increíblemente, daban clases póstumas.

Antitropical, Camila José Donoso (Chile)

Antitropical de la directora chilena Camila José Donoso tuvo su estreno mundial en FicValdivia, continuando con su método de trabajo de la transficción (como ya lo hizo en su notable Casa Roshell de 2017), en que ficciona diálogos e historias sobre mujeres migrantes que trabajaban en los llamados «cafés con piernas» que recopiló durante siete años de investigación con enfoque antropológico. Para involucrarse y conocer las dinámicas entre clientes y chicas que atendían en locales céntricos de Santiago, grabó audios, sonidos y diálogos de esas atmósferas tan cargadas de opacidad.

En Antitropical conocemos historias corales de trabajadoras migrantes que llegan desde países latinoamericanos a trabajar a Chile, como la colombiana Deisy (Ingrid Mancilla, la misma actriz de Naomi Campbell de Donoso y Nicolás Videla de 2013), que critican el racismo de los chilenos y desmontan el mito de que en Chile hay muchas oportunidades para surgir.

La tercera película de Donoso cuenta con una notable fotografía de Matías Illanes, que usa muchos reflejos y espejos que dan cuenta de los diálogos cruzados entre hombres que llegaban a los machistas «cafés con piernas» a sentirse escuchados y a satisfacer su voyerismo con cuerpos de mujeres que han debido dejar sus países de origen y exponerse a la lasciva mirada masculina  ( y, a veces, más que eso). 

El Príncipe de Nanawa, Clarisa Navas (Argentina)

Los largos diez años de seguimiento a la vida del niño y luego joven Ángel Steinmager se traducen en el documental El Príncipe de Nanawa de la directora de Corrientes, Argentina, Clarisa Navas en un recorrido de cuatro horas (con un intermedio) que nos fascina con las múltiples y diversas situaciones que vive este fascinante personaje en la frontera entre Paraguay y Argentina. En ese lugar, la directora estaba filmando un documental sobre las tensiones entre el guaraní y el español para el canal Encuentro, cuando de pronto se coló un pequeño niño de nueve años que pidió ser entrevistado porque tenía una opinión que dar, que resiente que en el colegio no lo dejaban hablar la lengua originaria.

Ese gesto le cambiaría la vida no sólo al pequeño Ángel, sino también a la propia Clarisa Navas, que durante una década no dejó de grabarlo, con una especial preocupación de no convertir en objeto los personajes que filma, estableciendo además un vínculo afectivo y familiar por tantos años en su primera incursión en el documental de larga duración, después de sus ficciones Hoy partido a las tres (2017) y Las mil y una (2020), ambas películas con un marcado acento territorial popular, de clase y desde la diversidad sexual.

Clarissa le entrega a Ángel una cámara para que filme parte de su vida mientras ella no está (ambos viven en distintos países), que parecieran muchas vidas de un joven tan inquieto, verborreico, hiperactivo e impaciente, al cual vemos trabajar de niño en el restaurant familiar y la feria, perder a su padre, conocer a su hermanastro, viajar fuera de su pueblo que se anega con las lluvias o crecer apurado, adelantando su vida adulta. 

Un eclipse y el caos, Dubi Cano y Samantha Cabrera (Chile)

El mismo ejercicio de que sean los personajes quienes definen su lugar de enunciación al sostener la cámara y filmar cerdos, gatos y perros de su entorno rural, es lo que realizan las directoras chilenas Dubi Cano y Samantha Cabrera en el documental Un eclipse y el caos, con cinco niños y su abuela habitantes del Curriñe en Futrono, lugar donde ellas vivieron durante un año en la pandemia. 

La familiaridad y el vínculo entre ellas y los niños traspasan la cámara, permitiéndonos entrar en la cotidianeidad de la casa en invierno con la ropa colgada al calor de la estufa y los bailes de la abuela mientras cocina, donde se convive con los ciclos naturales, los niños juegan con bolitas de vidrio libres en la naturaleza (pero también videojuegos en sus celulares) y viven un eclipse como celebración. 

Anteriormente, en el cortometraje Los más mayores del 2023 (España, Premio del Público en el Festival de Málaga), Dubi Cano como parte del equipo de directoras de fotografía que cursaba un Master en Cinematografía, siguió el ritmo y la cotidianidad de personas mayores en un pueblo español. Sus personajes mayores diariamente y con disciplina se juntan a caminar, un mural representa a un anciano y su perro (que es casi tan viejo como él) o se celebra una fiesta para homenajear a las personas de más edad, valorando el paso del tiempo con viejas canciones, vino en las copas y claveles rojos en las solapas. 

Romería, Carla Simón (España)

Con Romería (2025), la directora catalana Carla Simón culmina su trilogía autobiográfica dedicada a su universo infantil y juvenil al perder a sus padres por el sida en los noventa, que inició con la maravillosa Verano 1993 (2017) con la mirada de una niña que debe adaptarse a su nueva familia; continuó con Alcarráz (2022) sobre la pérdida del estilo de vida campesino, la tierra y las presiones del capitalismo; y finaliza con el personaje de Marina (que representa a la directora) volviendo al pueblo de su padre fallecido para conocer a su familia.

Marina llega a Vigo en busca de un certificado de paternidad que le permita postular a una beca de estudios, donde se enfrentará al conservadurismo de sus abuelos, el silencio familiar sobre los últimos días de vida de su padre (que no la conoció) que fue escondido por su madre para evitar la vergüenza de la enfermedad (sida) y tendrá un tremendo gesto de dignidad frente a su familia paterna desconocida. 

A partir de los textos del diario de vida de su madre, Marina reconstruye los tiempos de pareja de sus padres (ambos con problemas de adicciones) mientras vivían juntos navegando, en un dispositivo cinematográfico que le permite encontrarse con ellos, que la directora ya había usado en el corto Carta a mi madre para mi hijo (2022), donde se reunía con su madre muerta frente al mar para tomar un té escuchando una bulería, cuando estaba embarazada y vestida de negro. En la carta que Carla le escribe a su madre se lee: «Creo que hago cine para poder inventarte e inventarme. O puede que lo haga porque no quiero morir».

Anteriormente, Carla Simón y la realizadora chilena Dominga Sotomayor realizaron un intercambio de cartas fílmicas para hablar sobre genealogía femenina en sus respectivas familias, creando el corto Correspondencia (2020). En el caso de la directora española estuvo inspirado en la muerte de su abuela y los archivos familiares de audio encontrados al desmantelar su casa, el encuentro con imágenes de su madre biológica y la pregunta por la maternidad; mientras en las entregas de la chilena, en la mirada personal e intimista se coló la dimensión política, con el impacto del estallido del 18 de octubre del 2019.

Magallanes, Lav Díaz (Filipinas)

Con una extensión de dos horas 40 en un estilo de slow cinema (cine lento), Magallanes del director filipino Lav Diaz (que representará a Filipinas en los Oscar) nos lleva a una exploración radical y sensorial en que le seguimos la pista en distintas etapas de su vida al explorador portugués Fernando/Hernando de Magallanes, que convencido de encontrar una nueva ruta a las Islas de las Especias en el siglo XVI, no dudará en imponer el cristianismo a sangre y fuego.

El mexicano Gabriel García Bernal representa a este expedicionario que, primero, servirá a la colonia portuguesa y luego a la española, en una ruta que en la película comienza en Filipinas, donde se desata la persecución a las comunidades originarias y la imposición de un colonialismo religioso sangriento, que dencadenará un genocidio contra los habitantes primigenios. 

Narrada de manera bastante convencional en tres actos, es la parte de la expedición en el barco una de las más impactantes por la barbarie y la crudeza de este viaje hacia la locura, donde las decisiones de Magallanes terminan con la muerte de más de cien personas por el entonces delito de la sodomía o los motines. Es la bestialidad del género masculino en la desesperación, a medida que siguen pasando los días y no avizoran tierra a la vista.-

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