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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

El hombre elefante: El rechazo a la otredad y el anhelo de “normalidad”

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

Las artes escénicas se visten de excelencia en el despliegue actoral, musical y diseño escenográfico en la extraordinaria puesta en escena de una nueva adaptación del clásico El hombre elefante de Bernard Pomerance, que ha recorrido el mundo y llega a Chile al Teatro Nescafé de las Artes con la adaptación y dirección de la actriz y directora Natalia Grez, que logra un montaje escénico de alto nivel, con la historia real de John (1862-1890), que padeció una extraña condición genética que lo asimilaba a un paquidermo en la Inglaterra victoriana del siglo XIX.

El telón se abre con un mapping de la piel de un elefante que muestra su textura y rugosidad, introduciendo al espectador en la animalidad de un hombre deforme y monstruoso, interpretado magistralmente por el actor Gabriel Urzúa. Sin apoyo de máscaras, prótesis o extensiones, el versátil actor de teatro y televisión logra un impresionante lenguaje corporal con una postura imposible de su espalda casi desencajada de su cadera, para interpretar a un hombre devenido en rareza que es exhibido como un fenómeno en ferias y espectáculos de variedades.

En el proceso de “normalizar” al Sr. Merrik se va develando que nuevamente es exhibido como un fenómeno, esta vez a la clase aristocrática londinense.

Alejado de la sociedad, excluído, tratado como bestia, infraalimentado, sucio y maloliente, el hombre elefante no expresa lenguaje y apenas puede moverse por su deformidad y el crecimiento desmedido de uno de sus brazos. Tal como el personaje histórico, usaba un saco en la cara sólo con agujeros en los ojos para evitar la mirada de la gente a su malformada y gigante cabeza y las verrugas que le poblaban su cara. Hasta sufría persecución de la policía, que lo multaba por lo que consideraban su indecencia y violar las buenas costumbres.

Abandonado de pequeño y maltratado hasta los golpes por un cuidador que lo exhibía por sólo dos peniques, el hombre elefante es rescatado con fines científicos por el doctor Frederick Treves (con una muy bien lograda actuación y proyección de la voz de Guilherme Sepúlveda) y cuidado en el Royal Hospital de Londres, donde el propio equipo de enfermeras se impresiona al verlo y oler su nauseabundo hedor. Es sintomático el apoyo de imágenes proyectadas en las telas interiores de científicos de la época escuchando la exposición del doctor sobre el “fenómeno”, siendo todos hombres (la “normalidad” de la época…).

Con baños periódicos que logran combatir el mal olor, ropa limpia, comidas y cuidados médicos, el ahora Sr. Merrik va abandonando la “monstruosidad” y comienza a hablar (ya sabía leer y escribir), a reflexionar y hasta a oponerse cuando el doctor Treves lo invita a cumplir las reglas para ser feliz porque éstas existen por su propio bien.

Se instala, entonces, la pregunta sobre qué es la normalidad a la que el doctor Treves y el equipo médico buscan llevar al Sr. Merrick para que sea “como nosotros” y qué es aquello que hace a un hombre ser realmente humano, a propósito de su imposibilidad de vincularse con las mujeres dada su condición física con características de paquidermo, que incluso le impide dormir con la cabeza estirada porque podría romper su tráquea.

En el proceso de “normalizar” al Sr. Merrik se va develando que nuevamente es exhibido como un fenómeno, esta vez a la clase aristocrática londinense, que apoya económicamente al Royal Hospital de Londres, cuestión que termina por devastar al doctor Treves que cae en cuenta que a medida que lo han acercado a la “normalidad” también lo han acercado a la tumba.

El montaje teatral se potencia hasta emocionar con la música de Pink Floyd interpretada en vivo por una banda y la extraordinaria voz de la cantante Isabel Muñoz, haciendo de El hombre elefante una profunda experiencia sensorial que se hace la pregunta sobre qué es realmente la «normalidad» y sobre aquello que nos hace realmente humanos.

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