
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
La oficina María Elena en la Región de Antofagasta es el lugar más seco del mundo y lo más parecido a Marte que existe en la Tierra, por lo que los científicos de la NASA realizan experimentos en ese lugar para investigar la posibilidad de vida en el planeta rojo.
Sus habitantes -los pampinos- defienden su identidad como la última oficina salitrera que sigue funcionando de las más de doscientas que había en el apogeo del salitre a fines del siglo XXI y principios del XX, con la amenaza latente del cierre, movimientos forzados para no perder el trabajo y traslados a «otras pampas».
El resultado de la aplicación de una metodología colaborativa con los habitantes del pueblo es Pampas marcianas (2023), el ingenioso e imaginativo híbrido entre ficción y aspectos documentales de un pueblo que decide ir a colonizar Marte.
Durante cuatro meses, los integrantes del colectivo Mapa Fílmico de un País (MAFI) –«Propaganda», 2014; «Dios», 2019; y el próximo estreno «Oasis»(2023)- con el director Aníbal Jofré a la cabeza, se fueron a vivir a la salitrera para realizar una residencia artística.
El resultado de la aplicación de una metodología colaborativa con los habitantes del pueblo es Pampas marcianas (2023), el ingenioso e imaginativo híbrido entre ficción y aspectos documentales de un pueblo que decide ir a colonizar Marte, porque sus habitantes están acondicionados para resistir altas temperaturas y el trabajo duro de la minería para extraer nitrato y yodo.

Pero no hablamos de cualquier ficción, sino de «ciencia ficción», en que los alumnos del taller de cine del Liceo Técnico de María Elena, los clientes del bar «El rancho de la Yola» que van a cantar karaoke o los integrantes del grupo «Hijos de la salitrera Pedro de Valdivia» (que fue cerrada anteriormente), crearon junto a MAFI una historia de viajes interestelares y conquista del espacio.
En un notable ejercicio creativo (con el montaje de Melisa Miranda) se incorporan escenas reales de la vida del pueblo (votaciones presidenciales, procesiones de la virgen María Inmaculada) y se les da una nueva narrativa, una reinterpretación, como el plebiscito en que se decide ir a Marte o los ruegos religiosos para la protección de los viajeros, todo con la alucinante credibilidad que dan los relatos de la radio local.

Los habitantes de María Elena decidieron colonizar el cuarto planeta del sistema solar, probablemente buscando la independencia de la Sociedad Química y Minera de Chile (SQM), dueña de la última salitrera, de los salares y productora del esperanzador litio y también de las casa que usan los mineros (que les son quitadas si los despiden), de las calles y hasta del alumbrado público.
Los pampinos son los elegidos para ir Marte -lo que fue refrendado por las urnas- por su arrojo y resistencia (para colonizar un planeta se necesita agua y pampinos, señalan), sin imaginar que su trabajo con chuzo, pala y picota los transformaría en astronautas que emprenden un viaje desde la aridez del desierto de Atacama hasta los sinfines desconocidos que significan un nuevo comienzo, tal como los mineros que debieron abandonar otras oficinas salitreras y buscar otras pampas.

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