
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
Son múltiples las capas que escudriña la directora brasileña Denise Zmekhol en su documental autobiográfico Piel de vidrio, como una forma de acercarse y reconciliarse con la figura de su padre ya fallecido, Roger, un arquitecto migrante sirio que en los setenta construyó un edificio modernista en Sao Paulo que fue evolucionando en sus usos junto con la historia de Brasil.
Radicada en Estados Unidos, Denise vuelve a su Brasil natal buscando reconstruir el vínculo con su padre a través de su más emblemática creación arquitectónica Piel de vidrio, inicialmente símbolo modernista de apertura y luz, que en dictadura se oscureció convertido en centro de miedo y vigilancia, y luego fue abandonado hasta terminar incendiado.
Piel de vidrio es también una reflexión sobre el derecho a la vivienda y el patrimonio arquitectónico de la ciudad de Sao Paulo, en el marco de una Constitución como la brasileña que consagra el derecho a la vivienda y dada la función social de las propiedades consignada en ella, obliga a darle uso a las viviendas desaprovechas.
Así los hicieron los ocupas con el edificio, con experiencias mejor gestionadas cuando hay organización social de por medio y no aprovechamiento económico de unos pocos (estos últimos no permitieron a Denise acercarse al edificio construido por su padre).
A través de la revisión de los múltiples usos del edificio a lo largo de los años, la documentalista finalmente llega a conocer a un grupo de personas que buscaba dejar la calle, a la cual se ven obligadas a volver luego de que las llamas le arrebataran su hogar en el edificio tomado.
Con Piel de vidrio algo se reubicó en la arquitectura emocional del árbol genealógico de la directora Denise Zmekhol.
Más que un edificio emblemático, Piel de vidrio representa un recorrido por los cambios de un país y, paralelamente, una búsqueda de los afectos convulsos, que le permitió a Denise un acercamiento a personas diversas a las cuales no se habría dado la oportunidad de conocer si no hubiera sido por la creación de su padre.
A pesar de los años transcurridos, con Piel de vidrio algo se reubicó en la arquitectura emocional del árbol genealógico de la directora, recuperando el amor filial más allá de la muerte, como un proceso catártico y terapéutico de perdón.


Piel de vidrio se estrenó en el 36° Festival Internacional de Cine de Viña del Mar y por estos días se exhibe en el festival de arquitectura ArqFilmFest.

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