
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
La ampliación que hace ya varios años realizó la línea curatorial del Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs) desde películas documentales propiamente tal hacía el concepto más amplio de «cine de no ficción», ha abierto la programación a una multiplicidad de creativas y experimentales propuestas de directores y directoras que se liberan al juego cinematográfico y realizan híbridos donde se desdibujan las fronteras entre ficción y documental.
Sin embargo, ha causado discusión la incorporación en la parrilla de este año de Los Hiperbóreos de Joaquín León y Cristóbal Cociña, que por más que esté inspirado en personajes históricos y haya incluido una metodología de mostrar su proceso de creación durante el rodaje en una sala de exposiciones (tal como en La Casa Lobo), es una obra de ficción completamente. Tal vez distinto habría sido si en ese rodaje-exposición el público no sólo hubiera visto el desarrollo de la obra como espectador, sino que hubiera interactuado en la puesta en escena formando parte de la película.
Las películas de no ficción que a continuación se recomiendan como imperdibles de la 28° edición de Fidocs (que va del 15 al 21 de noviembre), se ubican en un espacio de resistencia que reivindica el cine documental primigenio como reflexión sobre la realidad, así como experimentaciones creativas donde se expande la percepción, se abre la posibilidad de nuevas poéticas y perspectivas, donde importa menos qué es real y qué imaginado desde una concepción híbrida.
Cuando las nubes esconden las sombras, José Luis Torres Leiva, 2024 (Chile)
En un dispositivo similar al que el director chileno José Luis Torres Leiva aplicó con Ignacio Agüero como actor protagónico en el híbrido El viento sabe que vuelvo a casa (2016) en Chiloé, ocho años después en Cuando las nubes esconden las sombras (2024) -película inaugural del 28° Fidocs- la actriz argentina María Alché es quien llega a Puerto Williams y ante la espera por el retraso de un rodaje por mal tiempo se va vinculando con la comunidad local (representada por actores naturales, tal como en la anterior película), apareciendo sus propios dolores y un duelo por una amiga perdida.
A la espera de que llegue el equipo con el que filmará una película que no ha podido tomar el barco, María escucha los relatos de las lugareñas sobre la comunidad yagán (pueblo navegante cuyos orígenes se remontan a siete mil años), que se diferencia de la comunidad civil y de la Armada presente en la comunidad como población flotante; hace ejercicios de actuación con las y los alumnos de la escuela local; y comienza a grabar los sonidos profundos del bosque, el viento y el mar.
Un persistente dolor de espalda comienza a expresar la somatización de la pena en el cuerpo de María -como le explica una machi mapuche-, en esta película sobre las distintas formas de vivir el duelo que el propio director está viviendo, por lo que la dedicó a la memoria de su madre (posteriormente también fallecería su padre) y de la actriz argentina Rosario Bléfari, a quien dirigió en Verano en 2011.
Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, 2024 Hernán Rosselli (Argentina)
De niño el director argentino Hernán Rosselli fue vecino de los Felpeto en Lomas de Zamora en el conurbano bonaerense, vínculo que le permitió acercarse a la familia de Hugo -el patriarca que creó un negocio de apuestas clandestinas que mantuvo por décadas-, logrando que su viuda Alejandra y su hija Maribel actúen en la película interpretándose a sí mismas cuando se hacen cargo del «negocio familiar» tras la muerte de Felpeto y deben ponen límites territoriales a los intentos de sobrepasarlos de bandas rivales.
En esta mixtura entre ficción y documental, Rosselli realiza un ejercicio de found footage y recupera home movies que Felpeto filmó desde los ochenta hasta los dos mil como cineasta amateur, combinándolas con imágenes de cámaras de seguridad y de operativos policiales.
Así desarrolla una inquietante e intrigante historia del submundo delictivo combinada con una trama melodramática (el padre tenía otra familia que su hija descubre) que le tomó diez años construir, haciendo difícil para el espectador distinguir entre realidad y una generosa imaginación y hasta entender cómo la familia se prestó para este juego cinematográfico.
Esperando a Godoy (1973-2023), Cristián Sánchez (Chile)
Con la actuación de Carmen Bueno y la cinematografía de Jorge Müller (ambos detenidos desaparecidos), la ficción Esperando a Godoy (1973-2023) de Rodrigo González, Sergio Navarro y el mítico Cristián Sánchez (el único de los tres directores vivos) es una joya cinematográfica comenzada a filmar en 1972 al alero de un taller dictado por Raúl Ruiz en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica, montada al año siguiente, interrumpida por el golpe de Estado, censurada por los censores del rector que la consideraron maoísta, con dos rollos que contenían escenas claves perdidos al igual que el sonido, que logró terminar el montaje para su estreno definitivo 50 años después.
En un juego con el título de la obra teatral Esperando a Godoy de Samuel Beckett para establecer la estructura de la espera de un personaje (que, en este caso, es extrapolable a la propia película que demoró extremadamente su estreno), la vigésima película de Sánchez -que en realidad fue la tercera en filmar- aborda con un exquisito humor e ironía las tensiones de clase entre intelectuales de izquierda pequeños burgueses y obreros que se toman el Ministerio de Educación para exigir la creación de un Ministerio de Cultura durante la Unidad Popular, que esperan a un dirigente sindical para tomar decisiones, que cuando finalmente llega tiene un inesperado discurso.
Al son del bolero con letra adaptada «Toda una vía, es la vía chilena» (al socialismo), Esperando a Godoy es una autocrítica de la intelectualidad de izquierda (tal como Realismo socialista de Raúl Ruiz) que expone diferencias ideológicas sobre la cultura y las diferencias de clase.
En esta realización que aparenta improvisación, naturalidad y espontaneidad pero está decididamente estructurada, colaboraron ad honorem muchas personas del medio cinematográfico y en la que confluyeron principalmente actores naturales, como Juan Carlos Moraga en el papel de Godoy (que en realidad era dirigente sindical de Chilefilms) o el poeta Waldo Rojas, amigo de Ruiz que también aparece en sus películas.
Grand tour, Miguel Gomes, 2024 (Portugal)
A principios del siglo XX, las familias aristocráticas europeas viajaban meses por Asia para conocer territorios desconocidos y exóticos en un Grand tour, como se titula la sexta película y uno de los proyectos más ambiciosos del director portugués Miguel Gomes, que le valió el premio a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Cannes.
En la primera parte de este híbrido entre ficción y documental, vemos a Edward, un diplomático inglés en Birmania a inicios del siglo XX, emprendiendo una travesía por el sudeste asiático para no hacer frente al compromiso que tiene hace siete años con Molly, quien llega a la ciudad para casarse. No sabemos sus motivaciones para la huída, sino sólo lo seguimos en su viaje, por momentos no exento de exotismo oriental desde el imperio británico.
En la segunda y más ágil, acompañamos a una abandonada y desconcertada Molly que le seguirá la pista a Edward por los países visitados (Tailandia, Vietnam, Singapur, Filipinas, Japón y China), con aventuras en los trenes y barcos que toma para hacer el viaje, vinculándose con los locales y, finalmente, viviendo un tour hacia sí misma y su enfermedad.
Pepe, Nelson Carlo do Santos, 2024 (República Dominicana)
Lúdica, creativa y especialmente rebelde frente a cánones y ataduras, en Pepe el dominicano Nelson Carlo do Santos Arias le da voz (literal) al último hipopótamo que fue trasladado a la selva colombiana por el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, para desnudar el colonialismo y la violencia sistémica que enfrentan animales y humanos.
Ganadora del Oso de Plata a Mejor Dirección en la Berlinale de este año (premio que por primera vez ganó un latinoamericano), Pepe toma como base una historia real cuando en los años ochenta en una megalómana y soberbia acción Escobar Gaviria llevó a varios especímenes de hipopótamos hasta su hacienda Nápoles cerca del río Magdalena en Antioquia, estableciendo un zoológico con animales exóticos, finca que fue abandonada tras la muerte del mítico delincuente.
Nelson Carlo do Santos narra la historia de manera experimental, mezclando formatos -como el ensayo, el documental y la ficción- y texturas, usando desde fílmico en 16 mm hasta digital, convirtiendo esta arriesgada propuesta en un deleite visual para abordar el colonialismo y el poder del narcotráfico desde otro lugar.
Una sombra oscilante, Celeste Rojas Mugica, 2024 (Chile)
Una interesante reflexión sobre memoria, militancia y relaciones padre-hija tomando como eje central la fotografía análoga y su revelado, es la que emprende la directora Celeste Rojas Mugica al recuperar archivos históricos fotográficos en un documental experimental en blanco y negro que salta en el tiempo y se pierde en la memoria recordada o imaginada de su padre (que estuvo clandestino en dictadura).
La fotografía es la profesión que comparten la joven directora y su padre, que en dictadura sufrió el exilio, deambuló por distintos países de Latinoamérica (los cuales recorremos a través de fotos en blanco y negro de su autoría) y entró de manera clandestina a Chile para hacer la resistencia desde dentro.
El relevado de las fotografías análogas es el dispositivo que le permite a la directora internarse en la mecánica y tecnología que se resiste a lo digital, donde los tiempos de exposición, los químicos y los cuartos oscuros importan, así como la experimentación y la experiencia. Celeste logra tejer con retazos fotográficos una urdiembre con hilos de distintos tiempos, que persisten en mantenerse unidos en los afectos y la memoria.
El chacal de Nahueltoro, Miguel Littin, 1969 (Chile)
Por años el equipo de la Cineteca Nacional de Chile estuvo rastreando los archivos originales de la icónica película chilena parte fundante del Nuevo Cine Latinoamericano El Chacal de Nahueltoro (1969) de Miguel Littin, hasta que los encontró en 2023 en los estudios estatales mexicanos Churubusco, a los cuales llevaron una carta firmada por el director para repatriarlos y fueron traídos a Chile en el avión presidencial por el Presidente de México, país donde Littin pasó parte de su exilio.
55 años después de su filmación y a 54 de su estreno en 1970 (donde la gente hizo cola para verla a las 11 de la mañana en el entonces Cine Bandera por lo impactante del caso), El chacal de Nahueltoro sigue conmoviendo al espectador con la historia de redención del asesino Jorge del Carmen Valenzuela Torres, reactivando el debate sobre la rehabilitación y la responsabilidad social en la criminalidad.
El chacal de Nahueltoro se convirtió en un prodigio cinematográfico que fue estrenado en el Festival Internacional de Viña del Mar en 1969, al reunir a nombres fundamentales del Nuevo Cine Chileno como el propio Miguel Littin (doblemente nominado al Oscar a Mejor Película Extranjera por Actas de Marusia de 1976 (en representación de México ) y Alsina y el cóndor de 1983 (por Nicaragua); junto a la maravillosa cinematografía del maestro Héctor Ríos (que registró un notable plano secuencia de cinco minutos cuando Jorge conoce a Rosa en el campo). Se suma el montaje del icónico y recientemente fallecido Pedro Chaskel; la música de Sergio Ortega (compositor del convertido en himno global «El pueblo unido»); y las extraordinarias actuaciones de Nelson Villagra (un notable «Chacal» con un arco dramático que va de la repulsión a la redención), Shenda Román, Héctor Noguera, Luis Alarcón y Marcelo Romo.

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