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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

Oasis: la vigencia de la memoria

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

A cinco años del estallido social y a tres del primer proceso constituyente, que un documental comenzado a filmar en 2019 no pierda la vigencia y que presente nuevas miradas sobre los mismos acontecimientos históricos que registraron tantos otros ojos y cámaras, es un desafío de envergadura. 

Más aún cuando desde la oligarquía se ha instalado una lectura contaminada que considera el justo reclamo y movilización social como «octubrismo» y que sabemos el fin de esta historia, porque la vivimos: la esperanza de cambiar el modelo impuesto en dictadura terminó con dos procesos constituyentes fallidos; impunidad en los casos de violaciones a los derechos humanos cometidos por agentes de Estado; ningún cambio de fondo y, peor aún, un deterioro en las condiciones de vida de las y los ciudadanos.

El colectivo Mapa Fílmico de un País (MAFI) lleva una década realizando registro documental para contribuir a la memoria audiovisual del país y fomentar la reflexión social a través de las imágenes, que adquieren un estatus de archivo para la Historia con mayúscula. Ya lo hizo en 2014 con Propaganda, en 2019 con Dios, en 2023 con Pampas marcianas y en 2024 lleva su rigurosa observación con sus característicos planos fijos a un nivel superior con Oasis, estrenado en Forum de la Berlinale y que ya está en salas del país de la mano del circuito Miradoc.

Dirigido por Tamara Uribe y Felipe Morgado, Oasis (2024) toma el nombre de la metáfora que planteó Piñera para referirse a un Chile que representaba una excepción en una América Latina convulsiona. Tesis que se cayó rotundamente diez días después cuando explotó el estallido social, en que la ciudadanía se hartó de la desigualdad, exigió derechos sociales y el fin de un modelo económico, político y constitucional impuesto en dictadura. 

A partir de ese momento político que creímos refundacional (pero terminó no siéndolo), Chile se ha debatido en un movimiento pendular difícil de entender desde la ciencia política. El péndulo se ha movido desde el cuestionamiento a las bases neoliberales que han regido el país desde la dictadura y la post dictadura (que se reflejaron en un primer proceso constituyente escrito desde el pueblo), pasando por darle la confianza a la extrema derecha en el segundo proceso constitucional en oposición al anterior, hasta la decepción, repliegue social e inacción actuales. 

En un desafiante proceso colectivo de coordinación de distintos realizadores y realizadoras en todo Chile, MAFI y les directores exponen las luces y sombras del primer proceso constituyente, en el que destacan tanto la mirada de vanguardia de propuesta de nueva legislación como la ambiental, como la «borrachera» de la mayoría circunstancial de algunos constituyentes, expresada en un excéntrico cantante en pleno hemiciclo. 

A diferencia de otras películas de la revuelta popular que perdieron rápidamente su vigencia a la luz de los porfiado hechos (como Mi país imaginario de Patricio Guzmán o El efecto ladrillo de Carola Fuentes), Oasis sigue vigente porque nos habla de la fractura que se mantiene y profundiza en el Chile de hoy. 

Son las mismas dos fuerzas que se enfrentaron en las calles durante la revuelta popular; en los salones del ex Congreso durante la Convención Constitucional; en las «zonas de sacrificio» donde las comunidades sufren las consecuencias en su propia salud de las industrias contaminantes. Son posiciones opuestas que se contraponen una otra vez en la historia reciente de nuestro país, perpetuando la inequidad y cuestionando las promesas incumplidas de la democracia. El pueblo y la oligarquía en un interminable loop. 

Los territorios geográficos en los que se ubica el punto de vista de Oasis condensan de buena manera los resultados de la aplicación de un modelo económico extractivista dispuesto a contaminar, aunque el costo sea enfermar a la comunidad que los habitaba antes que las industrias contaminantes.

Como Oasis es una película que vivimos, las distintas audiencias le pedirán diversas exigencias de representación, algunas desde la nostalgia de lo que no fue, otras desde la épica de la movilización social o de la denuncia de las violaciones a los derechos humanos mayormente impunes. Lo cierto es que este documental riguroso y leal al estilo MAFI (sólo hay una toma en que la cámara abandona el plano fijo y se mueve, dado el caos callejero) es una contribución a la memoria histórica y al necesario debate que sigue siendo necesario alimentar, cuando la ola conservadora, autoritaria, neofascista y populista avanza en el mundo y nos respira fuerte en la nuca. 

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