
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
Como una degustación que deja un gusto sensible y dulce en boca, a medida que pasan los días tras vivir la experiencia de visionado de un nuevo Festival Internacional de Cine de Valdivia, imágenes y evocaciones de películas que se vuelven fundamentales aparecen como chispazos nostálgicos.
Son filmes que conectan con las audiencias más por las emociones y sensaciones a veces inmersivas que por la racionalidad de las historias o narrativas clásicas y convencionales, que para vivirlas hay que dejarse llevar como flotando libre y desprejuiciadamente en un río, buscando menos comprender que sentir.
No es casual que las películas que a continuación abordaremos provengan de geografías lejanas de Asia (Caught by the tides, del chino Jia Zhang-ke); el sudeste asiático (Viet and Nam, del vietnamita Truong Minh Quy y Grand tour, del portugués Miguel Gomes, ambientada en esa zona); India (All we imagine as light, de Payal Kapadia); Benín en África (Dahomey, de la francesa con ascendencia senegalesa Mati Diop); o de un extracto iraní en Canadá (Universal Language, del canadiense Matthew Rankin); todas con otros ritmos, tradiciones culturales y formas distintas de aproximarse al tiempo y a los territorios.
Viet and Nam, Truong Minh Quy (Vietnam)
En un claro homenaje al ritmo contemplativo, la mezcla de lo real y lo sobrenatural y el interés por la identidad y la memoria histórica del director tailandés Apitchapong Neerasethakul, la belleza y sutileza de Viet and Nam del vietnamita Truong Minh Quy combina (en dos horas de metraje) un amor prohibido entre dos jóvenes mineros y los traumas históricos de un país que sufrió una guerra con Estados Unidos en los cincuenta.
Estrenada en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes en 2024, Viet and Nam aborda la criminalización de la homosexualidad en Vietnam en los años dos mil en que dos jóvenes (interpretados por actores naturales) se sumergen en las profundidades de la mina de carbón en que trabajan, para liberar su amor con el negro del mineral de fondo convertido en estrellas. Ello, mientras sus familias intentan casarlos (no entre sí, lo que da pie a un juego de palabras cómico), proponiéndoles que se inscriban en un programa de emparejamiento para buscar esposas.
La búsqueda de los cuerpos de los veteranos de guerra, es otra de las tramas que se recorren en paralelo cuando la madre de Nam comienza a soñar con el lugar donde podría estar sepultado clandestinamente su marido, al cual la familia intenta llegar, no sin ser víctima de charlatanes que se aprovechan de su anhelo de encontrar los restos de su familiar desaparecido.
Prohibida en Vietnam por dar -supuestamente- una imagen falsa y pesimista del país asiático (además de contener desnudos frontales), Viet y Nam representan al norte y al sur del país y sus miedos atávicos a nivel personal y colectivo, por lo que Nam busca emigrar, protagonizado un desesperanzador e impactante final en medio del mar.
Caught by the tides, Jia Zhang-ke (China)
Las distintas generaciones de cineastas chinos recientes han buscado retratar el impactante salto al desarrollo del gigante asiático con una modernización colosal y migración del campo a grandes y tecnológicas ciudades, evidenciando las contradicciones de un régimen político comunista regido por una economía de libre mercado.
Pero lo que logra el director Jia Zhang-ke (perteneciente a la quinta generación de cineastas chinos surgidos a fines de los ochenta y principios de los noventa) en la extraordinaria Caught by the tides, es un viaje de veinte años por su propia filmografía y, a través de ella, por la historia de transformación china simbolizada en la construcción de la mega represa Tres Gargantas, que implicó el traslado forzado de más de 1.6 millones de personas. La película tiene impactantes imágenes documentales del desalojo y las posteriores ruinas en la ribera del río Yangtze.
Con citas iniciales a algunas de las películas más antiguas de Jia Zhang-ke, desafiando a la audiencia a armar un pastiche imaginario para hacerse una idea de la China más tradicional, la película se centra en la relación afectiva de dos personajes que se van separando por el camino que él emprende a otra ciudad en busca de progreso económico, que también estará teñido por la corrupción y los negocios turbios (aspectos persistentemente abordados como crítica social en películas chinas de otros directores).
Los distintos tipos de celulares que usan los personajes y los eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de Pekín del 2008 son indicadores del paso del tiempo por dos décadas, en la historia de una mujer que incluso pone un aviso en la televisión para buscar a su amor que le dijo que volvería por ella, como persona desaparecida. Son los mismos actores los que representan a los dos personajes que se encuentran veinte años después, en un impresionante cambio del cuerpo de él azotado por la enfermedad y la parálisis.
Dahomey, Mati Diop (Francia/Senegal)
Ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín 2024, el documental Dahomey de la directora francesa de ascendencia senegalesa Mati Diop le sigue la pista a tesoros ancestrales africanos que son devueltos por el gobierno francés a la actual República de Benín en la África subsahariana, 130 años después del saqueo de las tropas coloniales francesas al entonces reino de Dahomey.
Francia devuelve apenas 26 piezas de más de 7 mil usurpadas a los africanos, lo cual es parte de un interesante debate universitario sobre la vigencia de la usurpación, el despojo y manipulación política de las autoridades que las reciben de vuelta. La directora se vale del documental para denunciar las consecuencias del colonialismo, con toques experimentales en la voz en off de una reliquia arqueológica que es devuelta a los museos de Benín.
A través de imágenes del trayecto, desembarco, desempaque, cuidadoso traslado, ubicación de las piezas en los museos y el impacto en la comunidad local -todo con la narración casi de ultratumba de una de las figuras que critica el despojo colonizador-, nos imbuimos de una atmósfera que salta de la actualidad a un enigmático pasado arqueológico a través de materiales conservados por siglos.
El 2019, la directora y también actriz Mati Diop fue la primera mujer con ascendencia africana en competir en el Festival de Cannes y lo hizo con Atlantique, una ficción que ocurre en Dakar, capital de Senegal, que narra la historia de jóvenes trabajadores que buscan emigrar a Europa en busca de mejores oportunidades, en un ambiente espectral donde rondea la muerte.
Grand tour, Miguel Gomes (Portugal)
A principios del siglo XX, las familias aristocráticas europeas viajaban meses por Asia para conocer territorios desconocidos y exóticos en un Grand tour, como se titula la sexta película y uno de los proyectos más ambiciosos del director portugués Miguel Gomes (a quien el FicValdivia le dedicó un foco en 2015 y se exhibieron las tres partes de la monumental Las mil y una noches), que le valió el premio a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Cannes.
En la primera parte de este híbrido entre ficción y documental, vemos a Edward, un diplomático inglés en Birmania a inicios del siglo XX, emprendiendo una travesía por el sudeste asiático para no hacer frente al compromiso que tiene hace siete años con Molly, quien llega a la ciudad para casarse. No sabemos sus motivaciones para la huída, sino sólo lo seguimos en su viaje, por momentos no exento de exotismo oriental desde el imperio británico.
En la segunda y más ágil, acompañamos a una abandonada y desconcertada Molly que le seguirá la pista a Edward por los países visitados (Tailandia, Vietnam, Singapur, Filipinas, Japón y China), con aventuras en los trenes y barcos que toma para hacer el viaje, vinculándose con los locales y, finalmente, viviendo un tour hacia sí misma y su enfermedad.
Con imágenes documentales filmadas por años en los países del sudeste asiático, un cuidado y hermoso blanco y negro que destaca los detalles de los paisajes, la vegetación de los bosques y construcciones de época, Gomes logra crear atmósferas donde casi se puede sentir el calor y la humedad a los que hay que entregarse como en un gran viaje a territorios desconocidos.
All we imagine as light, Payal Kapadia (India)
Dos mujeres trabajadoras de la salud comparten departamento en la populosa ciudad de Mumbai en India y se enfrentan a los prejuicios y machismo de una sociedad tradicional que las limita y les impone condiciones de vida que no comparten, en la ficción de la directora india Payal Kapadia, All we imagine as light, primera película india en 30 años en competir en el Festival de Cannes, donde se llevó el Gran Premio del Jurado en 2024.
Prabha es una enfermera que trabaja en un hospital, que se casó por matrimonio arreglado por su familia con un hombre que se fue a trabajar a Alemania y del cual no sabe hace años, hasta que recibe una arrocera de regalo de su parte, que le abre la herida del abandono. Haciendo casi de madre de Anu, que es menor, y de hija putativa de Parvati -una mujer mayor a la que desalojan de su histórico hogar-, la protagonista apoya sororamente a las otras mujeres en sus dolores, mientras vive su propio duelo y estancamiento de no poder seguir haciendo su vida afectiva tras el largo abandono (hay un médico que la pretende, pero a quien debe rechazar), dado que sigue amarrada a un hombre con el que no vive.
Anu es una joven también trabajadora de la salud, siempre escasa de dinero para pagar la renta, que está enamorada de un joven musulmán con el que debe verse a escondidas por tener una religión diferente, mientras sus padres le buscan un marido, cuestión a la que ella se resiste. Tener un lugar amable para poder hacer el amor con tranquilidad, es una aspiración casi imposible en el discriminador sistema de castas y limitaciones religiosas que denuncia Kapadia.
En 2021, Payal Kapadia había impresionado en la Quincena de Realizadores de Cannes con el documental A night of knowing nothing, también con una impronta feminista, en que la estudiante universitaria L escribe cartas a su ex novio K del que debió separarse por pertener a distintas castas, en un documental poético y cine ensayo que narra sucesos de su vida universitaria, como las protestas estudiantiles o crímenes relacionados con “casamientos prohibidos”.
Universal Language, Matthew Rankin (Canadá)
Probablemente Universal Language del canadiense Matthew Rankin represente la geografía y arquitectura más peculiares vistas en el FicValdivia, en la historia de dos niñas que encuentran congelado un billete bajo la nieve en la ciudad canadiense de Winnipeg, que tiene un alto porcentaje de inmigración iraní. Increíblemente y como muestra de diversidad cultural, esta ficción con rasgos persas será la película que represente a Canadá en los premios Oscar.
Ambas buscan desenterrar el dinero con el cual esperan ayudar a un compañero de escuela que debe trabajar, mientras otros personajes buscarán hacer lo mismo, en una comedia de absurdos donde todos los personajes hablan persa, un profesor maltrata y se burla de sus estudiantes, un burócrata deja su trabajo y vuelve a su ciudad de origen y un guía turístico intenta dotar de interés histórico a monumentos que están lejos de tenerlo.
Con reminiscencias del cine de Wes Anderson, Universal Language es una comedia surrealista en que las permanentes tormentas de nieve generan una sensación de claustrofóbico blanco, las construcciones parecen cerrados bunker para protegerse del clima inhóspito. Sus personajes bizarros y absurdos responden a lógicas a veces incomprensibles, donde el “lenguaje universal” en que se comunican son la nostalgia y la melancolía de su tierra original, en la que parecieran seguir viviendo a miles de kilómetros de distancia.-

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