
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
A lo largo de su historia, la presencia y visibilidad del trabajo de mujeres directoras ha sido una preocupación permanente del Festival Internacional de Cine de Valdivia, que en su 31° edición se reflejó en una participación equitativa de mujeres en las secciones en competencia y en el triunfo de realizadoras en las categorías de Largometraje y Película chilena, como corolario de una larga búsqueda de espacios y propuesta de nuevos lenguajes por parte de mujeres cineastas.
Buena parte de las películas más conmovedoras, rupturistas y experimentales del FicValdivia en 2024 fueron dirigidas por mujeres que fueron capaces de abrirse camino en el aun masculinizado mundo del cine, con sus particulares propuestas cinematográficas que resultaron ganadoras, dando cuenta de que -aun siendo minoría en la industria- pareciera ser que son quienes más se están arriesgando a correr el cerco desde los márgenes.
¡Ya México no existirá más!, Annalisa Quagliata/ Mejor Película Largometraje 2024

Annalisa Quagliata filmó en 16mm, trabajó con fílmico, lo intervino, lo pintó, rayó y uso técnicas del «cine hecho a mano» en una apuesta experimental sin restricciones, para cuestionar los discursos dominantes y el machismo.
La película ganadora de Mejor Largometraje en FicValdivia «Ya México no existirá más» («Aoquic iez in México», en náhuatl) de la directora y artista experimental mexicana Annalisa Quagliata Blanco, es una exploración frenética de imágenes que hacen parte de memorias históricas fragmentadas, que se pregunta cuál es la relación de los habitantes actuales de Ciudad de México con su territorio y con su historia, con un fuerte raigambre feminista desde lo performático y artístico.
La danza es la expresión de cuerpos de mujeres conectadas con su sexualidad que conquistan su lugar actual, con movimientos libres y sororos casi como encarnación de deidades antiguas como protectoras. Una exploración corporal que libera y vincula con otras formas de relacionarse con la imagen y con un cine táctil e inmersivo.
Mujeres que también homenajean a sus antecesoras y a las naciones originarias de distintos territorios del Imperio Mexica, a través de expresiones culturales como la preparación de comida. A su vez, ellas recibieron recetas ancestrales de su genealogía femenina y son las que hacen posible que las familias sigan degustando platos tradicionales después de siglos, especialmente con el maíz como el ingrediente primigenio y alimento sagrado, símbolo de la vida, la fertidad y desde el cual fue creado el ser humano, según la mitología indígena.

Como hija de un pintor y egresada del Massachusetts College of Art anda Design, donde se especializó en Film/Video y Studio for Interrelated Media, Annalisa Quagliata filmó en 16mm, trabajó con fílmico, lo intervino, lo pintó, rayó y uso técnicas del «cine hecho a mano» en una apuesta experimental sin restricciones, para cuestionar los discursos dominantes y el machismo tan arraigado en nuestros países latinoamericanos.
Convencida que el Estado mexicano es el heredero de las violencias coloniales, provocando la desarticulación de la memoria con tanta violencia, la directora articula en «Ya México no existirá más» (2024) una caleidoscópica propuesta sin guión ni personajes en cinco capítulos, que funcionan como un salto en el tiempo en que el convulsionando presente se alimenta y dialoga con un pasado de deidades, objetos y símbolos de la cosmovisión mesoamericana previa a la llegada del colonizador español.
Quagliata recurre al manuscrito del siglo XVI Códice Florentino, en que el fraile franciscano Bernardino de Sahaguín realizó entrevistas a ancianos indígenas mexica para conocer su mitología, costumbres y escritura, rescatando la frase «Ya México no existirá más» (que titula la película) que expresa la desesperación por la caída del Imperio Mexica a manos de los españoles y su impacto en la sociedad indígena.
Una sombra oscilante, Celeste Rojas Mugica/ Mejor Película Chilena

Una sombra oscilante de la joven directora nacional Celeste Rojas Mugica se llevó el premio a la Mejor Película Chilena en el 31° FicValdivia, con una reflexión sobre memoria, militancia y relaciones padre-hija tomando como eje central la fotografía análoga y su revelado, que bien refleja el espíritu reflexivo, íntimo y vanguardista de una valiosa generación de mujeres documentalistas latinoamericanas.
La directora recuperó archivos históricos fotográficos para plantearse nuevas preguntas sobre la militancia, los vínculos filiales y la propia fotografía, en un documental experimental con partes en blanco y negro y destaques en rojo que salta en el tiempo y se pierde en la memoria recordada o imaginada de su padre (que estuvo clandestino en dictadura).
Inscrito en la tradición de cine documental autobiográfico, Una luz oscilante fue realizado por un pequeño equipo de apenas cinco personas en la intimidad del registro en primera persona.
La fotografía es la profesión que comparten la joven directora y su padre, que en dictadura sufrió el exilio, deambuló por distintos países de Latinoamérica (los cuales recorremos a través de fotos en blanco y negro de su autoría) y entró de manera clandestina a Chile para hacer la resistencia desde dentro. A pesar del fluído diálogo intergeneracional entre ambos y de los años transcurridos desde el régimen dictatorial, «el chico Raúl» (una de las chapas usadas por Luis Rojas) aún mantiene reserva y por momentos contesta con evasivas las preguntas que le formula la hija, que a veces se mueve a tientas en la oscuridad del pasado.
El relevado de las fotografías análogas es el dispositivo que le permite a la directora internarse en la mecánica y tecnología que se resiste a lo digital, donde los tiempos de exposición, los químicos y los cuartos oscuros importan, así como la experimentación y la experiencia. Celeste logra tejer con retazos fotográficos una urdiembre con hilos de distintos tiempos, que persisten en mantenerse unidos en los afectos y la memoria.
Sin distinguir entre viajes e historias simuladas (que los militantes en clandestinidad preparaban con anticipación, para tener claro un relato coherente en caso de ser detenidos) y otros efectivamente realizados, la clandestinidad deviene en confusión al sacrificar la propia identidad y estabilidad en pro de una causa política. La falta de fotografías del cotidiano de Luis en tiempos de dictadura, es una muestra del sacrificio y renuncia por la lucha y resistencia.
Inscrito en la tradición de cine documental autobiográfico, Una luz oscilante fue realizado por un pequeño equipo de apenas cinco personas en la intimidad del registro en primera persona, en que la directora hace un cruce entre la historia personal de su padre y la colectiva de un país reprimido, cuyas luces y, especialmente sombras, siguen oscilando en el tiempo.

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