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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

Mubi Fest: Restaurando la identidad

Salas llenas y la masiva asistencia de jóvenes que en muchos casos vieron por primera vez clásicos del cine internacional y chileno, caracterizaron la segunda edición del MUBI Fest Santiago que proyectó en salas lo mejor de la cuidada curaduría del catálogo de MUBI Latinoamérica, que combina estrenos recientes con películas emblemáticas de la historia del cine y realiza proyecciones en salas seleccionadas para apuntalar el streaming, además de desarrollar una potente campaña de marketing caracterizada por el tote bag azul, cada vez más extendido entre la cinéfila juventud hipster y la comunidad queer.

Un aspecto especialmente destacable de esta segunda versión del MUBI Fest Santiago -realizado en el céntrico circuito de la Cineteca Nacional, el Centro Arte Alameda, Cine CCC y una exhibición al aire libre en el Mercado Urbano de Tobalaba- es la incorporación en la programación de restauraciones de obras (que en el caso de «El chacal de Nahueltoro» llevan el apellido de maestras), reactivando el interés por películas clásicas o de culto remasterizadas que son parte del patrimonio cinematográfico y del catálogo de MUBI.

El chacal de Nahueltoro, Miguel Littin (1969)

Por años el equipo de la Cineteca Nacional de Chile estuvo rastreando los archivos originales de la icónica película chilena parte fundante del Nuevo Cine Latinoamericano El Chacal de Nahueltoro (1969) de Miguel Littin, hasta que los encontró en 2023 en los estudios estatales mexicanos Churubusco Azteca, a los cuales llevaron una carta firmada por el director para repatriarlos y fueron traídos a Chile en el avión presidencial por el Presidente de México, país donde Littin pasó parte de su exilio.

Restaurada por la Cineteca Nacional de Chile para resguardar el patrimonio audiovisual nacional, El chacal de Nahueltoro se re-estrenó en su edición remasterizada en el Festival MUBI Fest Santiago en una sala llena, conformada mayoritariamente por un público juvenil que vio esta joya cinematográfica por primera vez. La presencia de su director Miguel Littin, que ya tiene 82 años (tenía 25 cuando la filmó en 1968), generó uno de los momentos más emocionantes del festival, al dirigirse a los jóvenes afirmando que «si están aquí, es porque creen en el cine de su país con una mirada crítica, para tener identidad».

55 años después de su filmación y a 54 de su estreno en 1970 (donde la gente hizo cola para verla a las 11 de la mañana en el entonces Cine Bandera por lo impactante del caso), El chacal de Nahueltoro sigue conmoviendo al espectador con la historia de redención del asesino Jorge del Carmen Valenzuela Torres, activando el debate sobre la rehabilitación y la responsabilidad social en la criminalidad (que se mantiene vigente hasta hoy). Impensable con la óptica actual en que las cárceles en la práctica funcionan como «escuelas del delito», bajo privación de libertad en la Cárcel de Chillán, Valenzuela Torres tuvo la posibilidad de bañarse, dormir en una cama, tener un plato de comida asegurado, dignidad que nunca antes había tenido en toda su vida. 

El chacal de Nahueltoro se convirtió en un prodigio cinematográfico que fue estrenado en el Festival Internacional de Viña del Mar en 1969 (en que coincidieron emblemas como Valparaíso mi amor de Aldo Francia o Caliche sangriento de Helvio Soto), al reunir a nombres fundamentales del Nuevo Cine Chileno como el propio Miguel Littin (doblemente nominado al Oscar a Mejor Película Extranjera por Actas de Marusia de 1976 (en representación de México ) y Alsina y el cóndor de 1983 (por Nicaragua).

Junto a él, la maravillosa cinematografía del maestro Héctor Ríos (que registró un notable plano secuencia de cinco minutos cuando Jorge conoce a Rosa en el campo); el montaje del icónico y recientemente fallecido Pedro Chaskel; la música de Sergio Ortega (compositor del convertido en himno global «El pueblo unido»); y las extraordinarias actuaciones de Nelson Villagra (una interpretación de antología de el «chacal», con un arco dramático que va de la repulsión a la redención), Shenda Román, Héctor Noguera, Luis Alarcón y Marcelo Romo.

Aunque está basada en hecho reales, la película no es un documental, sino que es parte de una puesta en escena que el director trabajó con actores naturales (de la localidad de Nahuelbuta y de la Cárcel de Chillán), pueblerinos y gendarmes que actuaron como extras que tenían activa una memoria emotiva (en la línea de Stanislavski, dada la formación teatral que recibió Littin) porque habían conocido a Valenzuela o sabían detalles del caso que conmovió a todo un pueblo, al punto que en la actualidad su tumba se considera una animita milagrosa.

Apodado como «chacal» por la crueldad de los homicidios que perpetró, este caso real impactó y posteriormente dividió a la opinión pública en 1960 con el asesinato de Rosa y sus cinco pequeñas hijas, por lo que Valenzuela Torres inicialmente fue condenado a 33 años de presidio y luego a la pena capital, tras aprender a leer y escribir, trabajar en artesanías, jugar fútbol y tomar conciencia de su crimen en los tres años que alcanzó a estar en la cárcel de Chillán.

En el histórico cine foro realizado en la Cineteca Nacional, Miguel Littin confidenció que la película tenía otro final y que durante el estreno (en un arrebato que casi infarta al proyeccionista), decidió parar la proyección tras el fusilamiento de Jorge Valenzuela para que finalizara con el impacto de su muerte, perdiéndose en el tiempo el segundo rollo en que el féretro cruzaba un puente en medio de la noche. Lo hizo porque consideró que los espectadores no podían irse a su casa contentos ni reconciliados con el ajusticiamiento de Valenzuela. 

Littin recordó que en Chile no existe la pena de muerte, pero existe lo que llamó «la pena de vida», al referirse a las condiciones infrahumanas de marginación social que vivió Jorge del Carmen Valenzuela Torres, que de niño se fue de la casa a los 8 años huyendo de los golpes, fue adoptado por un carabinero raso que le dio una golpiza tan brutal, que al recuperar el conocimiento «el chacal» descargó la violencia recibida y se desquitó con el perro, ahorcándolo. En palabras del destacado periodista de la época Luis Hernández Parker, fue criado en la «enseñanza del garrote».

La pena de muerte fue derogada en 2011, dado que el Estado de Chile suscribió el tratado de derechos humanos Pacto de San José de Costa Rica que lo prohíbe. Sin embargo, a propósito de la compleja crisis de seguridad que vive el país surgen peligrosas voces desde el populismo penal que buscan que vuelva a aplicarse, lo que violaría una obligación internacional y el más fundamental de los derechos: el derecho a la vida, más allá de la gravedad de los delitos cometidos. 

The fall, Tarsem (2006)

Asombro, perplejidad y fascinación por tantos mundos reales y posibles que efectivamente existen en 24 países distintos (retratados en 2006 sin inteligencia artificial, efectos especiales ni croma key), produce la fábula The Fall (o también llamada El sueño de Alexandria) del director indio nacionalizado norteamericano Tarsem Singh, que fue remasterizada en 4K y es parte del catálogo MUBI y del festival

La historia es simple, convencional y clásica en el cine de aventuras y trata sobre la pequeña Alexandria (la rumana Catinca Untaru, con seis años en ese entonces) que se recupera en un hospital en 1920 tras caer de un árbol al cosechar naranjas y comienza a escuchar los fantásticos relatos de Roy Walker (Lee Pace), un doble de acrobacias que también está hospitalizado y profundamente deprimido tras lanzarse a un río con su caballo para impresionar a su novia que lo dejó por el protagonista de una película.

Aunque narrativamente no representa novedad en el cine de aventuras, los ojos no pueden creer los escenarios naturales y arquitectónicos que se proyectan en la pantalla grande, en el recorrido por paisajes imposibles de los personajes de la historia inventada por Roy: un esclavo, un experto en explosivos, una versión de Charles Darwin junto a su pequeño mono y un bandido enmascarado, que buscan vengarse del malvado Gobernador Insoportable. 

Usando sus millonarios recursos propios que ganó haciendo publicidad en todo el mundo, el director Tarsem aprovechaba de filmar escenas de la película en lugares recónditos donde hacía anuncios, logrando incorporar locaciones impensadas que ningún productor habría autorizado dentro de la industria. 

Zonas remotas del Himalaya, Namibia, el alto desierto del Rajastán en India, las islas Andamán cerca de Sumatra (donde los actores nadaron en el océano con elefantes ), el arrecife Butterfly Real de Fiji, la ciudad azul de Jodhpur también en India (en que regalaron pintura azul a sus habitantes para retocar sus fachadas, reforzando el color para la pantalla) o las impresionantes escaleras en zig zag de 600 años en el embalse indio de Chand Baori en Abhaneri que suelen estar bajo el agua y parecen inspiradas en Escher, hacen de The Fall un exquisito deleite visual digno de la pantalla grande.

Bring them down, Christopher Andrews (2024)

Traumas de la infancia y sus consecuencias en la adultez, dominación intergeneracional, paternalismo, masculinidad tóxica, violencia infrafamiliar (esta vez, de una mujer a su marido) y conflictos territoriales en una comunidad de granjeros irlandeses, son parte de las explosivas tensiones del thriller rural Bring them down (2024) de Christopher Andrews, que tuvo su estreno mundial en el reciente Festival Internacional de Cine de Toronto y latinoamericano, en el MUBI Fest Santiago.

Un viaje en automóvil en que una angustiada madre le explica a su hijo Micky mientras él va al volante que se separará de su padre -aunque no de él- y éste reacciona aumentando peligrosamente la velocidad sin que la cámara muestre su rostro, es el tensionante punto de arranque de esta auspiciosa ópera prima de Andrews, que luego explicará la génesis del trauma que se vuelve tragedia.

Cuando el granjero Micheal O’Shea («Micky» de adulto, en la actuación de Christopher Abbott) descubre que los carneros que su vecino Gary y su hijo Jack (Barry Keoghan) -la familia que formó su ex novia Caroline– pretenden vender en el mercado son los que ellos mismos le robaron, se desatará su angustia y rabia azuzada por su dominante padre casi postrado, Ray

Con interesantes cambios en el punto de vista, patrones y ciclos que se repiten en la falta de manejo de la ira y posterior arrepentimiento, la venganza y las cicatrices físicas y emocionales, Bring them down va aumentando la tensión entre hombres enfrentados, donde la rudeza campestre esconde en realidad la carencia afectiva, la pérdida y el dolor.

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