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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

Recomendaciones 31° FicValdivia: Resistencia de otros cines y voces posibles

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

A pesar del brutal incendio que acabó con la casona que albergaba al restaurant La Última Frontera y las oficinas del festival en Valdivia, y de los problemas de financiamiento por la lentitud en la entrega de recursos anunciados por el Ejecutivo para superar la lógica de concurso permanente, el espíritu indomable y de vanguardia del Festival Internacional de Cine de Valdivia (del 14 al 20 de octubre) no sólo sigue intacto en su 31° edición, sino que se potencia con una siempre cuidada programación, de la cual te dejo algunos imperdibles.

Pepe, Nelson Carlo do Santos Arias (República Dominicana)/ Film de Apertura

Lúdica, creativa y especialmente rebelde frente a cánones y ataduras, Pepe del dominicano Nelson Carlo do Santos Arias, será la película que inaugurará la 31° edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia, en que el director le da voz (literal) al último hipopótamo que fue trasladado a la selva colombiana por el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, para desnudar el colonialismo y la violencia sistémica que enfrentan animales y humanos.

Ganadora del Oso de Plata a Mejor Dirección en la Berlinale de este año (premio que por primera vez ganó un latinoamericano), Pepe toma como base una historia real cuando en los años ochenta en una megalómana y soberbia acción Escobar Gaviria llevó a varios especímenes de hipopótamos hasta su hacienda cerca del río Magdalena. 

Lo hace de una manera experimental y mezclando formatos -como el ensayo, el documental y la ficción- y texturas, usando desde fílmico en 16 mm hasta digital, convirtiendo esta arriesgada propuesta en un deleite visual para abordar el colonialismo y el poder del narcotráfico desde otro lugar.

Co-producida entre República Dominicana, Namibia, Francia y Alemania, Pepe es una propuesta audaz y, por momentos, desconcertante que le entrega el lugar de enunciación al propio hipopótamo, que “habla” en distintos idiomas como africans, alemán o castellano para relatar la historia de sus ancestros desde su condición fantasmal.

Con los pies en la tierra, Cristián Sánchez (Chile)/ Gala chilena

Con su más de medio siglo de trayectoria, el mítico director, escritor, cinéfilo, académico, alumno y estudioso de la poética de Raúl Ruiz, Cristián Sánchez (73 años), no deja de asumir riesgos cinematográficos y esta vez se aventura en el subgénero de zombies con la hilarante reaparición de personajes y actores de sus películas anteriores ya fallecidos en calidad de muertos vivientes, en el estreno nacional de Con los pies en la tierra en el 31° Festival Internacional de Cine de Valdivia.

Es el propio Cristián Sánchez quien aparece en escena en clave revisionista de una parte de su filmografía al «resucitar» a “Andrés Quintana” de Vías paralelas (1975) -representado por dos actores que se atribuyen la verosimilitud frente al otro doble y le preguntan al director si están vivos o muertos-; la provinciana «Marlene» de El zapato chino (1979), que aparece con un vestuario setentero congelado en el tiempo y vuelve a resistirse al «tío» que la buscaba embaucar; o «Erre» de Los deseos concebidos (1982), devenido en un justiciero que busca liberar a los muertos revividos y explotados como trabajadores de un restaurant donde se cocina carne humana.

“Los Quintanas» reviven a los 12 apóstoles de Vías paralelas en la cocina de un local con un particular menú, donde personajes interpretados por actores naturales de un crisol migratorio, se ven obligados a cocinar cuerpos humanos por sus patrones que reivindican consignas como «Caníbales unidos jamás serán vencidos», mientras ellos se resisten porque son veganos y sólo esperan una nueva oportunidad para volver a existir, mientras afuera hay un estallido social.

Por medio siglo, en su particular filmografía el maestro Cristián Sánchez, alumno de Raúl Ruiz y co-director de la extraordinaria “Esperando a Godoy” (1972-2024) con Rodrigo Gonzpalez y el fallecido Sergio Navarro, ha trabajado de manera extemporánea a las tendencias del cine chileno de los respectivos momentos históricos, investigando y explorando capas del pasado y de la realidad para construir una poética donde los héroes emprenden viajes para escapar del mundo trivial y encuentran otras patrias y otros seres. 

Todo documento de civilización, Tatiana Mazú (Argentina)/ Selección Oficial Largometraje

Luciano Arruga era un chico pobre de 16 años sin antecedentes penales que arrastraba un carretón, amaba los libros de Julio Verne, era hijo de jefa de hogar sin más familia que lo pudiera defender y a veces no tenía ni para comer. Su pecado fue negarse a robar para la policía y por eso ésta lo detuvo, lo hizo desaparecer y tiró su cuerpo en Avda. General Paz en la localidad de La Matanza en la Provincia de Buenos Aires para simular un accidente de tránsito. 

Su cuerpo estuvo desaparecido desde el 2009 al 2014, cuando se lo encontró ilegalmente enterrado como NN. La documentalista argentina integrante del colectivo Antes muerto cine, Tatiana Mazú, retoma este caso de desaparición en democracia en Todo documento de civilización, como una denuncia de viejas prácticas policiales que corren el riesgo de permanecer y reactivarse con la peligrosa doctrina Bullrich de seguridad y represión en la brutal era de Milei.

En 2019, Mazú había dirigido, escrito y fotografiado el documental Río Turbioganador del Premio Prix Georges de Beauregard FID Marseille 2020-, que transmite una atmósfera oscura y temerosa sobre la cultura minera del pueblo de la Patagonia argentina que titula el documental, en que las mujeres han debido soportar la discriminación y los persistentes intentos por culparlas por la fatalidad propia de las profundidades subterráneas, hasta que se organizan, militan y marchan para superar el silencio que les ha sido impuesto por generaciones. 

Previamente, en el documental Caperucita Roja (2019) Mazú, tal como en el entramado de hilos colorados del afiche de la película, teje una trama visual a partir de los retazos de la tela que cose su octagenaria abuela, para revisar su historia generacional y confrontarla con su militancia feminista (en esta obra también fue directora de arte y vestuarista). La clase y el género son las costuras que le permiten juntar las piezas separadas de las distintas realidades que le tocó vivir a su abuela en la España rural franquista y a ella, en medio de una marea verde que le permite releer su genealogía de mujeres.

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