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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

El lugar de la otra: el cuarto propio para escapar del barullo ensordecedor

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

La búsqueda de un cuarto propio -en el sentido del espacio de libertad y creación, planteado por la escritora feminista inglesa Virginia Wolf- para evadir el «ruido mental» permanente que implicaba ser mujer en la década del cincuenta (y en todas las épocas), está en el centro de la película escogida por la Academia de Cine para representar a Chile en los Premios Goya y Oscar: El lugar de la otra, la primera ficción de la directora chilena de renombre internacional Maite Alberdi, doblemente postulada a los Oscar por sus anteriores documentales en 2024, con La memoria infinita, y en 2021, con El agente topo.

Mercedes (Elisa Zulueta) es una actuaria que trabaja en el juzgado al cual llega el caso (real) del asesinato que perpetró la escritora perteneciente a la elite cultural de la época María Carolina Geel a su novio Roberto Pumarino, al cual le disparó cinco certeros balazos en el salón de té del refinado Hotel Crillón (actualmente convertido en Ripley de calle Agustinas) en abril de 1955, a plena luz del día y a vista y paciencia de una importante cantidad de testigos. 

¿Cómo sería, al menos por algunos momentos, tomar el lugar de esa otra mujer, perteneciente a un circuito cultural y a una clase social tan distante de la propia?

Carolina permanece con su ropa ensangrentada tras los violentos hechos (sobre los cuales la sentencia no encontrará una clara motivación), por lo que el juez solicita a Mercedes que vaya al departamento de la imputada a buscar una muda nueva. En cada visita a la refinada residencia de la escritora en el Parque Forestal en el centro de Santiago (en que Mercedes se prueba las ropas de Geel, sus maquillajes, hasta se toma un baño, lee y disfruta de un tiempo para sí misma), la actuaria va encontrando un espacio de paz frente al barullo permanente de su vida como esposa de un sencillo y machista fotógrafo, madre de un par de adolescentes demandantes y trabajadora del juzgado. ¿Cómo sería, al menos por algunos momentos, tomar el lugar de esa otra mujer, perteneciente a un circuito cultural y a una clase social tan distante de la propia?

Inicialmente la película llevaría por título Las homicidas, tal como se titula el libro de la destacada escritora y abogada Alia Trabucco Zerán en que se basó Alberdi para su sexta película. Sin embargo, su primera ficción terminó llamándose El lugar de la otra, porque es el descubrimiento de ese «lugar» -que funciona como un doble espacio: el departamento de Geel como un remanso de tranquilidad y la posición de una otra diferente-, el principal énfasis de esta ficción basada en hechos reales. No es interés de la directora centrarse en las motivaciones o el perfil de la escritora que se convirtió en asesina y finalmente fue indultada por el Presidente Carlos Ibáñez del Campo, gracias a una carta enviada por la poetisa Gabriela Mistral (aunque sí habría sido interesante profundizar un poco más ahí).

El libro de Alia Trabucco Zerán da buenas pistas para aproximarse a la figura de las mujeres homicidas (documentó los casos reales de las chilenas Corina Rojas, Rosa Faúndez, Teresa Alfaro y Carolina Geel, en el que se centra la película), como excepciones en el historial criminógeno chileno. Según la escritora, para la sociedad chilena es más fácil imaginar a una mujer muerta (en tanto víctima) que a una mujer que mata, que se pone doblemente fuera de la ley: de la norma penal y del mandato cultural de la feminidad. ¿Acaso las mujeres sólo pueden ser pasivas, serviciales, dispuestas a sacrificarse por otros, como imponen los estereotipos de género? El enojo, la frustración y la violencia son sentimientos rara vez permitidos a las mujeres. 

María Carolina Geel es el nombre literario de la escritora Georgina Silva, que trabajó como taquígrafa, secretaria de actas y escribió novelas y el ensayo «Siete escritoras chilenas», en que repasaba -entre otras- la obra de Marta Brunet, Gabriela Mistral (que posteriormente escribiría una carta solicitando el indulto presidencial) y María Luisa Bombal. Antes que Geel, la autora de La última niebla y El árbol había protagonizado un homicidio frustrado tras disparar cinco balazos al dirigente político Eulogio Sánchez Errázuriz por un amor no correspondido, por lo que el acto de la protagonista de la película podría haber sido una «cita literaria». Al ser detenida, Bombal gritó que ella era la única culpable; mientras Geel declaró que no tenía un motivo especial para cometer el crimen y que incluso podría haber atentado contra sí misma.

Filmada en Santiago de Chile con una cuidada recreación de época de los años cincuenta, El lugar de la otra de Maite Alberdi (estrenada exclusivamente en salas en Centro Arte Alameda y posteriormente será parte del catálogo de Netflix) es una ficción con elementos de investigación documental histórica, que se constituye en una compleja aproximación a aquellas transgresoras de las leyes y de los mandatos de género, a la literatura de mujeres que salen de la norma y a la búsqueda de un otro lugar que sea propio y personal para escapar del ruido allá afuera.

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