
Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.
Así como el Festival Internacional de Cine de Valdivia permanentemente realiza muestras itinerantes a otras localidades de la Región de los Ríos en busca de nuevos públicos que no tienen la oportunidad de viajar a la ciudad de Valdivia cada octubre cuando se realiza el FicValdivia, recientemente hizo lo propio con los cinéfilos santiaguinos que llegaron a la Sala K de la Universidad Mayor en la capital.
Es así como en Santiago pudimos ver o volver a saborear una selecta muestra de lo que fue la trigésima edición del FicValdivia el año pasado, que nos trasladó a uno de los momentos más felices de cada año en que podemos conectarnos con la vanguardia cinematográfica y permitió ir calentando los motores de lo que será la 31° fiesta de los clásicos del futuro, del 14 al 20 de octubre en la bella ciudad de Valdivia.
La 31° edición de FicValdivia traerá a Chile esperados títulos, como el estreno latinoamericano de Grand Tour de Miguel Gómez, director portugués al cual el festival le dedicó un foco en 2013 con la proyección de su fascinante trilogía “Las mil y una noches”; Los Hiperbóreos de la vanguardista y experimental dupla creativa conformada por Cristóbal León y Joaquín Cociña, cuyos estrenos nacionales de sus películas de animación ya constituyen una tradición en FicValdivia; o el film póstumo de Jean-Luc Godard Exposé du film annonce du film “Scenario”.

Ganadora del pudú de oro a la Mejor Película Internacional de la última edición de FicValdivia, Here del director belga Bas Devos fue el plato fuerte de la muestra en Santiago, por lo que volver a verla poniendo especial atención a escenas de un nivel sublime de belleza -como la lluvia cayendo entre árboles donde se cuelan haces de luz en medio de las ramas- fue un verdadero deleite visual.
El verde es el color predominante de la paleta de colores de Here, que resalta en los árboles del pequeño bosque de Bruselas en Bélgica que Stefan está a punto de abandonar para volver a su Rumania natal, luego de una temporada trabajando en la construcción como migrante.
El verde también se apropia de la pantalla con un primerísimo primer plano de los fascinantes detalles del musgo que estudia en su microscopio la bióloga belga con ascendencia china Shixiu, con quien Stefan se topa una lluviosa tarde en el restorán de comida china de su abuela y luego en el bosque, como un paréntesis en medio de la ciudad. En un relato independiente con voz en off, la científica narra que una mañana despertó y no podía invocar el nombre de las cosas, una muestra del exquisito toque sutil y zen del guión de Here, que homenajea justamente la consciencia sobre el aquí (como se titula la película) y el ahora.
Generoso y cálido es el gesto de Stefan que antes de volver a su país hace una sopa comunitaria con los restos de alimentos que quedan en su refrigerador, que debe despejar y limpiar al irse. En la acción de repartir la sopa con sus amigos y algunos familiares a modo de despedida (cansado de trabajar por temporada, no sabe si volverá en octubre), está buena parte del sello de esta película: la sutileza, la conexión con la naturaleza, los pequeños y cotidianos momentos compartidos.

La cultura tradicional tailandesa y el quiebre intergeneracional entre estudiantes y profesores que vulneran su integridad física y mental incluso con golpes de varillas como era antaño, es el fondo de la ficción Arnold is a model student (2022), del joven director tailandés Sorayos Prapapan (37), que se viste de una forma ágil y juvenil con la figura de Arnold, un antihéroe rebelde e individualista que, en su momento, no apoyará las protestas estudiantiles.
Arnold es un buen estudiante que es presentado como modelo, sabe inglés y estuvo de intercambio en Estados Unidos, ha ganado premios académicos y ello le da ciertos privilegios en su colegio, como no llegar a la hora o saltarse algunas clases (dinámica que se repite con alumnos a los que “ayudan” desde la dirección, porque sus padres aportan al colegio). Desde su posición de superioridad y obstinación, Arnold es tentado para trabajar como “senalizador” por el líder de un negocio irregular donde los alumnos pagan para que les soplen las respuestas de las pruebas y toma distancia del malestar estudiantil de su escuela.
Luego de que varios estudiantes recibieran castigos físicos por parte de la profesora de la materia “Obligaciones ciudadanas”, éstos se organizan exigiendo el respeto de sus derechos como niños, niñas y adolescentes (secuencia que introduce archivos reales de protestas estudiantiles del movimiento Bad Student), considerándose víctimas de abuso de autoridad. Los alumnos y las alumnas (que son las que lideran la movilización) buscan erradicar reglas tradicionalistas tailandesas -como las exageradas reverencias con movimientos milimétricos que deben hacer a sus mayores- y redactan un Manual de Supervivencia del Estudiante, cuyas imágenes grafican esta juvenil y ágil película.

En la obra póstuma del fundador del Grupo de Cali en los setentas en Colombia, Luis Ospina, junto al cineasta y crítico de cine colombiano, Jerónimo Atehortúa, “Mudos testigos” (2023), se recopilan archivos del cine silente colombiano de principios del siglo XX para contar el melodrama de Efraín y Alicia, quien está comprometida con el poderoso Uribe (no parece casualidad usar el mismo apellido que el conservador gobernante de derechas Álvaro Uribe de inicios de los dos mil).
Los personajes son sobrevivientes de incendios y del dolor (incluso somatizado) por la imposibilidad de su amor, tal como las imágenes tomadas de una veintena de películas mudas de 1922 a 1937 donde se repiten las actuaciones de los mismos actores en distintas historias, lo que permitió dar una continuidad en Mudos testigos a los personajes de Efraín y Alicia como apariciones fantasmagóricas de los inicios del cine de Colombia.
En la tercera parte de este filme que se constituye en un collage cinematográfico con toques experimentales que junta retazos de memoria y les da una nueva lectura, la historia de amor va confluyendo hacia la selva colombiana donde los campesinos y los mineros sufren la explotación patronal y se levantan en una rebelión armada en los inicios de lo que fue el sangriento conflicto armado interno colombiano, que duró sesenta años hasta la consolidación del proceso de paz entre las FARC y el Estado colombiano.

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