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DemocracineDemocracine Democracia y Cine: crítica de películas que contribuyen al debate democrático. ...... Marisol Aguila Bettancourt

Malqueridas. «Maternar tras las rejas: autorregistro y memoria»

Por Marisol Aguila Bettancourt. Periodista y crítica de cine.

La visibilización de la situación de vulnerabilidad de mujeres privadas de libertad que han debido maternar tras las rejas, adquiere en el documental Malqueridas (2023) de Tana Gilbert una dimensión superlativa al ser las propias presas quienes grabaron su realidad desde sus celulares, evidenciando su lugar de enunciación desde su especificidad subalterna y marginada. 

No estuvieron expuestas a la observación de un otro que las filmara, sino que fueron ellas las que definieron qué encuadrar en su perspectiva, lo que permite al espectador exponerse en carne viva a un cine de lo real emotivo y sensible, provisto de profunda verdad. Un aspecto especialmente reivindicativo de la mirada de mujeres privadas de libertad, es que la trama vivencial desde la cual se construye el relato colectivo es de ellas y no de quién pudiera observarlas desde fuera.

En Malqueridas se instala el autorregistro como una reivindicación casi política: registrar con el punto de vista propio y ser las protagonistas de sus propias historias, en la convicción de su directora de que cuando narramos el mundo, nos apropiamos de él.

En palabras de Tana Gilbert, cuando una mujer es condenada (la mayoría de ellas lo son por microtráfico) sufre una triple condena: la penitenciaria, por el tiempo que debe pasar tras las rejas cumpliendo una pena; la social, porque son juzgadas severamente por su condición de mujeres en los tribunales de familia; y la personal, que implica no poder seguir maternando con sus hijxs fuera de la cárcel o separarse de ellxs cuando están presas y cumplen dos años de edad.

La reclusión se siente más fuerte cuando se cierran las puertas de la pieza cada noche: los pequeños se dan cuenta que los van a encerrar y llaman a la “cabo” (una de las primeras palabras que aprenden al adquirir lenguaje) para que no los confinen. Son niños y niñas que, por las circunstancias de vida de sus madres, también están presos y son condenados al encierro durante sus primeros años de vida.

Son archivos captados en la intimidad cotidiana, cuando cocinan, bañan a sus hijos, celebran sus cumpleaños con lo que tienen o se vinculan con otras compañeras de celda que se transforman en sus parejas o en sus «mamás caneras» (mujeres que protegen a las menores). Aunque el dolor de la crianza recluida y, peor aún, de la separación de sus pequeños es profundo, «Malqueridas» también saca a la luz los vínculos, la sororidad entre mujeres y la cotidianeidad en que entre ellas se ayudan, se ríen y hasta bailan en un Año Nuevo.

En Malqueridas se instala el autorregistro como una reivindicación casi política: registrar con el punto de vista propio y ser las protagonistas de sus propias historias, en la convicción de su directora de que cuando narramos el mundo, nos apropiamos de él. En este caso, las imágenes de mujeres privadas de libertad que viven con sus pequeños hijos e hijas tras las rejas son prohibidas, clandestinas, por lo que el equipo tuvo el cuidado de darles uso cuando sus dueñas ya habían abandonado la cárcel para evitar represalias. 

El largo proceso de realización del documental (que tardó siete años), comenzó con la realización de talleres audiovisuales en el Centro Penitenciario Femenino, donde el equipo fue conociendo a mujeres privadas de libertad que eran madres. A través de sus testimonios fueron conociendo la realidad de vivir la maternidad en esas dolorosas circunstancias, expresando una historia coral en la narración de una sola de ellas. Karina Sánchez se convirtió en la voz en off que representó una veintena de historias de vida de otras mujeres, aportando con elementos de realidad en la construcción del relato colectivo hasta transformarse en co-guionista, junto a Tana Gilbert, Javiera Velozo y Paola Castillo.

Al equipo de realizadoras (es eminentemente femenino) también se unió Ana Cabrera, que estuvo privada de libertad y sirvió de enlace con mujeres que había conocido en prisión y con otras a las que le siguió la pista fuera de la cárcel (varias de ellas terminaron en situación de calle por falta de oportunidades de reinserción social), quedando a cargo de la producción de imágenes que recuperaron de redes sociales y otras que fueron cedidas por las mujeres privadas de libertad (a quienes les reconocieron sus derechos como autoras). Las constituyeron en un banco de archivos, al cual las propias presas han acudido para recuperar sus recuerdos.

Eran imágenes que estaban en riesgo de ser requisadas o perdidas que fueron recuperadas para la memoria colectiva de mujeres que, por distintas circunstancias, debieron pagar tras las rejas sus deudas con las reglas de la sociedad. En tiempos de crisis de seguridad y de salidas facilistas en la línea del «populismo penal», se imponen nuevas restricciones al uso de celulares en prisión (muchos delitos son cometidos principalmente por hombres desde allí), dejando a las mujeres sin la posibilidad de comunicarse con sus hijos e hijas. Un buen porcentaje de ellas pierde el contacto con ellos mientras están en prisión, muchos no son bien cuidados por sus familiares y hasta terminan institucionalizados, cayendo en el círculo vicioso de la delincuencia. 

En esa línea, urge que las políticas penitenciarias incorporen una perspectiva de género que reconozca las particularidades de condenar a prisión a una mujer y los impactos diferenciados que eso puede acarrear a sus familias. En el orden patriarcal y los estereotipos de género que aún subsisten, no es lo mismo que caiga preso un hombre que una mujer. Por eso se requiere estudiar medidas legislativas a la privación de libertad para las mujeres que son madres o están embarazadas, tales como la «Ley Sayén» que lleva años en tramitación, propuesta legislativa que surgió a partir de la vulneración de derechos Lorenza Cayuhan, mujer, mapuche y pobre privada de libertad (que sufre una triple discriminación) que fue obligada a parir engrillada a su hija Sayén.

Las grabaciones de los celulares vedados fueron una herramienta de espontaneidad y veracidad que han hecho de Malqueridas una película ampliamente reconocida y premiada (tiene más de 27 galardones) en distintos festivales del mundo (ha recorrido más de 40), llevándose el premio a la Mejor Película en la Semana de la Crítica de Venecia en la que se estrenó mundialmente, galardón alcanzado por primera vez por una película chilena en esa sección, que narra una historia de resistencia.

En el cine foro en Centro Arte Alameda que realizamos con su directora Tana Gilbert y la psicóloga de la  Red Chilena  de Salud Mental Perinatal, Paulina Sánchez, abordamos la invisibilización de las mujeres privadas de libertad que han debido maternar tras las rejas, los archivos y el autorregistro de fotos y videos en sus celulares, medidas alternativas a la privación de libertad para mujeres embarazadas y madres de hijxs menores de dos años, violencia obstétrica y mucho más.

Mira aquí el diálogo con Tana Gilbert en el pre-estreno, por el Día Internacional de la Mujer.

Y aquí el cine foro del estreno de Malqueridas.

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